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Opinión | Costumbres
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La banda sonora del verano

No sé si existe una explicación científica para este fenómeno o si simplemente las vacaciones dan rienda suelta a la voz

Archivo - Un camarero limpia una mesa en un restaurante

Archivo - Un camarero limpia una mesa en un restaurante / David Zorrakino - Europa Press - Archivo

Para muchos españoles el sábado comienzan las vacaciones de verano, esas que en los años de mi juventud prácticamente todo el mundo hacía del tirón. No como hoy, que el trabajador prefiere repartir los días que le corresponden a lo largo del año y disfrutar de pequeños descansos a la carta.

Este es el mes en el que restaurantes, hoteles, cámpings, chiringuitos, discotecas y todo tipo de lugares de recreo trabajan a pleno rendimiento. El verano tiene esa curiosa virtud de alterar nuestras costumbres: desayunamos tarde, el aperitivo se alarga sin remordimientos y las sobremesas parecen no tener fecha de caducidad. El reloj pierde autoridad y manda el estado de ánimo. Hay, sin embargo, un fenómeno que siempre me ha llamado la atención y que se repite con una precisión asombrosa en muchos restaurantes concurridos. Al comenzar el servicio el ambiente resulta sorprendentemente agradable. Se oyen conversaciones en un tono normal, y todavía se percibe el tintineo de los cubiertos. Todo invita a pensar que será una comida tranquila. Pero basta con que pasen 40 minutos para que empiece, sin que nadie dé la señal, una escandalera que corre de mesa en mesa. Un grupo ríe con entusiasmo, la mesa de al lado eleva ligeramente la voz para hacerse oír y la siguiente hace exactamente lo mismo. En pocos minutos, todo el comedor participa, sin saberlo, en una singular competición de decibelios. El vino, las cervezas y las primeras copas hacen su trabajo. El tímido habla más de la cuenta, el hablador ofrece una conferencia y el bromista descubre que cualquier ocurrencia merece una carcajada monumental. Lo curioso es que nadie parece darse cuenta de que está hablando mucho más alto que al principio. Todos creen mantener el mismo tono que cuando se sentaron.

No sé si existe una explicación científica para este fenómeno o si simplemente las vacaciones dan rienda suelta a la voz. Lo cierto es que ocurre verano tras verano. Quizá sea una de esas pequeñas tradiciones no escritas que anuncian que estamos a gusto y de vacaciones: cuanto mayor es la alegría, mayor parece ser el volumen. Uno sale del restaurante saciado por lo comido y lo bebido y con la agotadora sensación de haber participado en un 'totum revolutum' tan típicamente veraniego. En cierto modo, es bonito ver que el verano también tiene su propia banda sonora.

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