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Opinión | Cine
Miqui Otero

Miqui Otero

Escritor

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El más listo de 'La Odisea'

Los centinelas del rigor histórico no están en lucha contra la historia, sino a favor de la imagen mental que han generado con charlas de 'youtubers' y pelis de romanos

‘La Odisea’ genera dinero a mansalva y discusiones en las redes por sus diversos formatos

El director Christopher Nolan con una cámara IMAX.

El director Christopher Nolan con una cámara IMAX. / EPC

Es una tarea homérica remontar estos días todos los comentarios sobre 'La Odisea' de Cristopher Nolan. Puñados de analistas con menos sabiduría (y, por supuesto, menos gracia) que mi ahijada de tres años, fan de los vídeos educativos de 'Happy Learning', que, cuando veíamos el partido entre Argentina y Egipto, soltó: “¡Juega muy bien el Antiguo Egipto!”.

Para la gran mayoría de tipos que ahora lanzan lamentos a las nubes, algo tan útil como escupir hacia el cielo, la antigüedad es una suerte de Port Aventura donde gladiadores, filósofos, togas y cascos de cepillo compiten por cabalgar un dragón. El Imperio Romano y la Grecia gloriosa (sea la que sea) es algo así como el Marina d’Or de los hombres inquietos que llevan tatuajes tochos en latín y escuchan pódcasts muy largos de historia, en un país en el que hasta al entrenador de La Roja se le caen citas de Marco Aurelio cuando da órdenes desde la banda.

Son los centinelas del rigor histórico, incluso en ficciones o mitos. De hecho, son los mismos que se quejaban de que la Sirenita fuera negra en la última adaptación de Disney (obviando que una sirenita puede ser hasta púrpura o verde, porque es un animal mitológico que no ha existido jamás), que Cervantes fuera gay (de nuestro más glorioso autor sabemos poco: hasta los retratos de la RAE son, por así decirlo, falsos) o que Jesucristo no sea tan blanco como Andrés Iniesta (en este caso, parece claro, por donde nació, que el personaje histórico no necesitaría tanta crema solar como él).

No están en lucha contra la historia, sino a favor de la imagen mental (siempre parecida a la que ellos ven en el espejo cuando marcan músculo) que han generado con charlas de 'youtubers' y pelis de romanos. No es que quiera defender a Nolan, ya que ni siquiera he visto la película (estoy estos días en un pueblo sin bar, así que también sin cine, y el director me parece más grave que profundo), pero pedirle rigor histórico a 'La Odisea' es algo así como plantearse si en el pasado ganaban las peleas los dinosaurios o los hipogrifos. Al fin y al cabo, estamos ante un texto que sobrevivió a los años y mutó explicado aquí y allá, a un lado y otro del mundo y del tiempo.

Sin embargo, se critican los capiteles brutalistas que aparecen en pantalla (como si Homero hubiera vivido el amanecer corintio) o que se diga La Edad de Bronce. Ni de hierro ni, aún menos, de oro. Quizá en el futuro se referirán a nuestros días como La Edad del Litio, aunque siempre he pensado que darán más en el clavo si la bautizan como La Edad de los Listillos (es decir, de los tontos que no saben que lo son). En realidad, a ellos, no les suena bien que Nolan diga esto o lo otro, o que reinterprete al personaje femenino, y no saben (ni tienen necesidad de que yo se lo diga) lo que apuntó Roland Barthes en sus 'Mitologías': “Los peinados tipo hoja de laurel de los actores de Hollywood significan romanidad, tal y como un barómetro de Flaubert significa realidad: no denotan algo real”.

El más listo de todos sigue siendo el protagonista de 'La Odisea'. Ese que decía que quería volver, pero que de diez años fuera se pasó ocho en brazos de Calipso en la isla de Ogigia y un par más de 'after' con Circe en un palacio con reservado. Por eso, a la espera de ver la 'peli' de Nolan, sigo manteniéndome firme en la idea de que ya existe la versión perfecta de 'La Odisea': 'El muerto vivo', de Peret. Ese que todos daban por muerto, pero que estaba de parranda en un agosto eterno.

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