Saltar al contenido principalSaltar al pie de página
Opinión | Nuestro mundo es el mundo
Joan Tapia

Joan Tapia

Periodista. Miembro del Comité Editorial de EL PERIÓDICO.

Por qué confiar en El Periódico Por qué confiar en El Periódico Por qué confiar en El Periódico

El banquero de la estrella

Como director general y presidente de 'La Caixa', el ingeniero Vilarasau fue clave en el crecimiento de la entidad y en su poder económico en toda España

Muere Josep Vilarasau, artífice de la gran Caixa

L'expresident de la Caixa, Josep Vilarasau, en una imatge d'una entrevista amb l'ACN l'any 2012

L'expresident de la Caixa, Josep Vilarasau, en una imatge d'una entrevista amb l'ACN l'any 2012 / Josep Molina / ACN / ACN

Vilarasau fue un gran banquero y un gran empresario, con un fuerte interés por las ideas, la cultura, y una mente muy abierta. Cuando en 1976 llegó a “la Caixa” me llamó porque le interesaba que un periodista joven le diera su visión de Catalunya a la que volvía, tras 16 años en Madrid. Paso a paso, quería cambiar muchas cosas. Los famosos pisos de “la Caixa” se pasaron a dar por sorteo, no por 'enchufe'. En las nuevas oposiciones entraron 30 mujeres, algo insólito, pues hasta entonces solo había dos empleadas, las telefonistas. Montó el servicio de estudios y la Obra Social -con cambio de director- organizó grandes exposiciones de arte contemporáneo.

Vilarasau intuyó que una entidad que quería crecer, y ampliar sus territorios, necesitaba además de su simpático nombre de guerra, “la Caixa”, un símbolo moderno y con arraigo. Imbatible. Landor, la consultora de California, hizo seis propuestas, una era la estrella de una obra de Joan Miró. Nadie del equipo directivo creyó. Salvo él. Y ya todo listo, media vuelta atrás. Solo la usaría la Obra Social. Y cuando un influyente consejero le espetó que no le gustaba: “son cosas de los de la Obra Social”. Determinación y cautela porque, en poco más de dos años, la estrella estaba en todas las oficinas. ¿Tendría hoy “la Caixa” su indiscutible identidad -incluso mundial- sin la estrella del gran pintor catalán?

La Caixa que heredó era un gigante tan sano como dormido. Había que activarlo e importar talento para crecer y liderar. Rompió moldes. Fichó a Ricardo Fornesa, abogado del Estado, y a Isidro Fainé, entonces un inquieto banquero ya con “historia” (Atlántico, Banca Jover, Bankunion) para dinamizar una red que entonces tenía 450 oficinas. Más tarde al auditor Antoni Brufau, hoy presidente de Repsol. ¿Demasiado talento, con riesgo de roces, en las dos torres de la Diagonal, la nueva sede social?

La primera decisión emblemática que tomó fue abrir las oposiciones de entrada a las mujeres pues, hasta entonces (1977), 'La Caixa' solo tenía a dos empleadas, las telefonistas

Pero el talento hizo posible la absorción de la Caja de Barcelona, la segunda caja catalana, la extensión de oficinas no bancarias (solo fue el prólogo) a toda España. Como ha dicho Fainé, le gustaba “superar los límites” y quería tener las mismas capacidades que los bancos. Y apostó fuerte por los seguros, lo que fue un gran éxito -lo sigue siendo- aunque costó un duro contencioso con Hacienda. Y empezó a invertir en Telefónica, Aguas, Gas Natural, Autopistas, empresas de servicios públicos que dan una rentabilidad moderada pero segura.

Es lo que hoy, adaptándose a las circunstancias y con Fainé de arquitecto, ha desembocado en la Fundación La Caixa, la tercera del mundo; Criteria, el primer hólding español en capitalización bursátil; y CaixaBank, el primer banco español. Imposible sin cerebros.

Y sin independencia. Vilarasau, un convencido liberal -devoraba libros sobre empresas, economía y política americana- creía que “la Caixa” debía mantener celosamente su independencia. Llevarse bien con la Generalitat y los gobiernos de Madrid, pero: “Estado, a tus zapatos”. Así, la sustitución en la presidencia de Narcís de Carreras por Salvador Millet, antes de que Pujol quisiera intervenir. Luego, la de Juan Antonio Samaranch, que abría muchas puertas. Y hubo choques. En Madrid, con Josep Borrell. Y en Catalunya, más, tras la retirada de Pujol.

Su identificación con el proyecto Caixa le llevó, cuando la crisis bancaria, a rechazar la oferta del Banco de España (y del ministro Boyer) de presidir el Banco Hispano-Americano, la cumbre del poder económico de Madrid. José -como le llaman su esposa y sus hijos- no era un catalanista convencional, pero sentía que, sin bancos propios y sólidos, Catalunya sería menos.

Y conocía España. Ingeniero de Hacienda en Lugo, luego fue uno de los jóvenes tecnócratas -como su amigo Paco Fernández Ordoñez- que trabajaron con Barrera de Irimo, aquel vicepresidente de Franco que dimitió en 1974. Y fue director general del Tesoro. Y de Telefónica. ¿Sin Madrid, habría sabido hacer lo mismo?

Sus intereses eran muy amplios. La música clásica, existencial. Y se carteaba problemas de matemáticas con el también ingeniero Enric Masó, el exalcalde. Y el entorno familiar, pues su esposa, Lola Mitjans, que fue patrona del Moma, es hija de un gran arquitecto, Francesc Mitjans. Sí, entre otras cosas, el del Nou Camp.

Suscríbete para seguir leyendo