Saltar al contenido principalSaltar al pie de página
Opinión | Gárgolas
Por qué confiar en El Periódico Por qué confiar en El Periódico Por qué confiar en El Periódico

Una metáfora nítida y plausible

La sostenida inclinación de la torre educativa y el hecho de querer pensar que el peligro no existe con una ingenua e ineficaz maniobra de distracción explican el estado actual de la política en Educación

¿Por qué los resultados de PISA 2025 en Catalunya no serán válidos? ¿Quién es el responsable? Preguntas y respuestas del fiasco

Aula de un instituto catalán.

Aula de un instituto catalán. / Marc Asensio Clupes

Hay dos metáforas plausibles y nítidas que podrían ayudarnos a entender el desbarajuste de la Generalitat con el Informe PISA. Una, es evidente, la que juega con el nombre del estudio de la OCDE y la famosa torre inclinada de la Toscana. Como la edificación románica, el Informe PISA es inestable desde sus inicios y, aún peor, genera sensación de inestabilidad en el entorno. Muchos pedagogos expertos han hecho hincapié en que PISA no evalúa el nivel educativo en comprensión lectora, matemáticas y ciencias, sino que certifica la habilidad del sistema para adecuarse a las directrices que plantea el propio Informe. Es decir, el objetivo es aprobar PISA y no demostrar que llegas a unos determinados niveles educativos, con lo que los trabajos van dirigidos a superar la prueba, no a diagnosticar la bondad del sistema, como si se tratara de una profecía auto-cumplida. Pero PISA tiene un peso específico concreto y cualquier mala nota (que las ha habido, en 2022, sin ir más lejos) reverbera en el seno de la comunidad educativa como una gigantesca ola. Dicho esto, el problema de la metáfora es que la Torre de Pisa ya no se cae: los trabajos de los últimos años han sentado las bases y han revertido su grado de inclinación.

La otra metáfora es la del avestruz. Esconder la cabeza bajo el ala es una expresión bastante habitual que se genera a partir de la idea de que el ave en cuestión adentra el pico y el cuello bajo tierra cuando percibe un peligro con la pretensión de que así todo el cuerpo quedará camuflado. Lo describió Plinio el Viejo y de ahí debe venir la cosa, aunque no hay ningún estudio científico que lo demuestre. Más bien lo contrario: el avestruz necesita comer piedrecitas y tragar arena para tener una mejor digestión de los alimentos. Por eso hunde cuello y pico en la tierra. O para cuidar de los huevos. Pero no para hacer disimular.

Que la realidad, sin embargo, no nos estropee dos buenas metáforas. La sostenida inclinación de la torre educativa y el hecho de querer pensar que el peligro no existe con una ingenua e ineficaz maniobra de distracción explican el estado actual de la política en Educación. Además, a este desbarajuste se añade el lenguaje “burocratés” en el que, en el departamento en cuestión, son expertos. Había un Consejo Superior de Evaluación que fue sustituido por una Agencia de Evaluación y Prospectiva que ha derivado, visto lo visto, en una Comisión de Coordinación de Pruebas y Estudios de Evaluación. Por no hablar de la confusión conceptual y de la 'neolingua' orwelliana de, pongamos por caso, la directora general de Currículum y Desarrollo Profesional, que dice que la "incidencia técnica" de las pruebas de PISA es "un problema de representatividad estadística" y que la evaluación será "válida, pero no representativa".

Cuando hayamos dejado de esconder la cabeza bajo el ala, cuando tengamos un protocolo “suficientemente claro y detallado”, yo propondría un examen de comprensión lectora para 2028. Analizar con detalle cómo nos dedicamos a marear la perdiz, que esta sí que es una metáfora nítida y plausible.

Suscríbete para seguir leyendo