
Escritora
Llamas y bulos
Basta un móvil y una mente vil para soltar la maledicencia. Las redes premian el contenido más impactante, el más original…

Redes sociales en un móvil y en un ordenador. / Edurne Morillo / EFE
Llega el dolor. Y, entre las llamas, las cenizas y el humo, llegan los bulos. También brotaron del barro de la dana o de la lava del volcán de La Palma. Cada nueva tragedia despierta nuevas mentiras. Cada momento de incertidumbre siembra nuevas semillas de desconfianza. Oscuridad sobre oscuridad. Desconfianza, rencor y más miedo sobre el miedo. El fenómeno no es nuevo, pero las redes lo han acentuado de un modo extraordinario. La velocidad, la propagación y la ‘democratización’ del bulo son desmesuradas. Basta un móvil y una mente vil para soltar la maledicencia. Las redes premian el contenido más impactante, el más original… el más alejado de la compleja y áspera realidad. El bulo, la desinformación, las conspiranoias galopan gracias a los crédulos, los cansados, los indignados, los compasivos sin raciocinio y los sectarios (y Miguel Bosé). La razón baja la guardia ante el temor, la rabia y la indignación. A su vez, el temor, la rabia y la indignación se convierten en correa de transmisión de las falsedades.
Cada bulo es un parásito que trata de colarse en nuestra mente transformándonos. En el momento en que se instala la duda, ya nada es lo mismo. La desconfianza no hace más que crecer. Recelo hacia las instituciones, hacia los políticos, hacia los partidos, hacia los vecinos, hacia los migrantes, hacia la propia democracia… Entonces llega aquello de que ‘solo el pueblo salva al pueblo’, la expresión que pretende ensalzar la solidaridad, pero que ese ‘solo’ carga de falsedad, peligro y antipolítica. ¿Quién es el pueblo? ¿Cómo y quién organiza al pueblo? ¿El pueblo salva a todo el pueblo o la cosa va por barrios? ¿Despojamos de responsabilidad a los poderes públicos? ¿Dinamitamos el orden social?
Llega el dolor. En las redes, los bulos se cubren de cenizas o barro. Pero, en la vida real, los vecinos se ayudan, los bomberos, voluntarios y otros técnicos trabajan más allá de sus fuerzas y la mayoría contenemos el aliento. Terrible y reconfortante realidad.
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