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El precio de la desconfianza

El presidente de la Generalitat de Catalunya, Salvador Illa, en el último pleno del Parlament antes del parón veraniego

El presidente de la Generalitat de Catalunya, Salvador Illa, en el último pleno del Parlament antes del parón veraniego / Alejandro Garcia / EFE

El barómetro de Catalunya de julio del GESOP para EL PERIÓDICO muestra una tendencia que si se confirma en las urnas puede suponer una reconfiguración del sistema de partidos catalán marcada por el debilitamiento de los partidos tradicionales y con Aliança Catalana como principal beneficiaria. El PSC seguiría siendo la primera fuerza, con entre 34 y 37 escaños, aunque perdería parte de la ventaja obtenida en 2024. El principal cambio sería el ascenso de Aliança Catalana, que pasaría de dos diputados a entre 25 y 28 y disputaría la segunda posición a ERC, también al alza. En sentido contrario, Junts sufriría el mayor retroceso, reduciendo prácticamente a la mitad su representación, mientras Vox consolidaría su crecimiento y el PP perdería parte del apoyo obtenido en los últimos años. En la izquierda alternativa, los Comuns solo garantizarían su representación si concurrieran junto a Podemos, mientras que la CUP podría incluso quedar fuera del Parlament.

Las fidelidades y las transferencias de voto ayudan a explicar estos cambios. El PSC mantiene una fidelidad superior al 60% y continúa captando electores de Junts, ERC y Comuns. ERC mejora, sobre todo, gracias a las transferencias procedentes de los Comuns. Aliança Catalana combina la mayor fidelidad electoral del sistema con una elevada capacidad para atraer votantes de distintas procedencias, especialmente de Junts, cuya fidelidad cae por debajo del 40%, reflejo de la pérdida de centralidad del partido en el espacio posconvergente. Aunque Sílvia Orriols obtiene un 4,2 entre el conjunto de la población, alcanza un 8,9 entre sus votantes, la valoración más alta entre los electorados de todos los partidos, mientras que Salvador Illa y Oriol Junqueras son los únicos dirigentes que aprueban.

Los resultados sugieren que el presunto avance de Aliança Catalana y, en su caso, la consolidación de Vox responderían, ante todo, a la desconfianza hacia los partidos tradicionales, junto a la expansión de las redes sociales y la desinformación, la inmigración y el coste de la vida. Además, dos terceras partes de la ciudadanía se muestran muy o bastante preocupadas por el crecimiento de la extrema derecha. En conjunto, el barómetro apunta a que el apoyo a estas formaciones respondería menos a una radicalización ideológica que a la percepción de que los partidos tradicionales han perdido capacidad para responder a las principales preocupaciones de la ciudadanía.

La principal consecuencia de este escenario sería institucional. La mayor fragmentación parlamentaria haría más compleja la formación de mayorías. Sin embargo, el estudio también apunta a una sociedad menos polarizada de lo que refleja el debate político. El respaldo mayoritario a la amnistía y la división prácticamente equilibrada en cuestiones como la gestión forestal o la financiación de las autopistas indican que persisten posiciones compartidas en asuntos relevantes. En este contexto, la gobernabilidad dependería menos de la fuerza del partido ganador que de la capacidad de los actores políticos para articular consensos acordes con las preferencias de la ciudadanía. Ese puede ser también el primer paso para recuperar la confianza en los partidos tradicionales, que el propio barómetro identifica como el principal factor asociado al avance de la extrema derecha.