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Opinión | Geopolítica
Jordi Valls

Jordi Valls

Teniente de alcaldía de Economía, Hacienda, Promoción Económica y Turismo del Ayuntamiento de Barcelona

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Dos imágenes para la misma historia

En 2017, España exportaba una imagen de fractura; en 2026, proyecta solvencia institucional, pluralidad y estabilidad

El Constitucional estudiará la sentencia del TJUE sobre la amnistía para su posterior pronunciamiento mientras el Supremo guarda silencio

Las 10 cosas que recordaremos del Mundial 2026 más allá del gol de Ferran Torres

Lamine Yamal of Spain with his medal during the FIFA World Cup 2026, Final football match between Spain and Argentina on 19 July 2026 at MetLife Stadium in East Rutherford, New York, New Jersey, United States - Photo Alexandre Martins / DPPI AFP7 19/07/2026 ONLY FOR USE IN SPAIN. Alexandre Martins / DPPI / AFP7 / Europa Press;2026;ARGENTINA;ARGENTINE;COUPE;cup;ESPAGNE;FIFA;FINAL;FINALE;FOOT;football;MONDE;mondial;Soccer;Spain;Sport;WORLD;FOOTBALL - WORLD CUP 2026 - FINAL - SPAIN v ARGENTINA;

Lamine Yamal of Spain with his medal during the FIFA World Cup 2026, Final football match between Spain and Argentina on 19 July 2026 at MetLife Stadium in East Rutherford, New York, New Jersey, United States - Photo Alexandre Martins / DPPI AFP7 19/07/2026 ONLY FOR USE IN SPAIN. Alexandre Martins / DPPI / AFP7 / Europa Press;2026;ARGENTINA;ARGENTINE;COUPE;cup;ESPAGNE;FIFA;FINAL;FINALE;FOOT;football;MONDE;mondial;Soccer;Spain;Sport;WORLD;FOOTBALL - WORLD CUP 2026 - FINAL - SPAIN v ARGENTINA; / AFP7 vía Europa Press / AFP7 vía Europa Press

El mes de julio nos ha dejado dos imágenes que, pese a parecer distintas, cuentan en el fondo la misma historia: la de un país y un continente que ganan cuando juegan en equipo. Por un lado, España conquistaba el Mundial de fútbol proyectando cohesión, diversidad y confianza. Por otro, el Tribunal de Justicia de la Unión Europea avalaba la ley de amnistía vinculada al proceso catalán, recordándonos que en Europa hasta los conflictos más complejos pueden encauzarse a través de las instituciones.

La sentencia del TJUE amparaba de forma clara la normalización política, el diálogo, la convivencia...valores más que necesarios para afrontar los grandes retos compartidos de Europa. Y más en estos momentos, cuando el mundo vive guerras de consecuencias globales y liderazgos como el de Trump, que cuestionan consensos que han sostenido el orden internacional durante décadas.

El mensaje vale también de puertas adentro. España sigue siendo un país polarizado, atravesado a menudo por una furia política que parece condenada a marcar nuestro futuro inmediato. Pero tanto la sentencia del TJUE como la imagen de la selección española apelan, cada una a su manera, al diálogo, al juego colectivo y a la fuerza de una soberanía compartida que también se expresa en iniciativas sobre la vivienda como 'Mayors for Housing'.

Europa afronta ahora un debate decisivo: cómo preservar su soberanía en un mundo complejo, dominado por Estados Unidos y China. De esto habló Enrico Letta en Euronews, y la conclusión del exprimer ministro italiano es contundente: aferrarse solo a la soberanía nacional equivale, en la práctica, a regalar poder a los grandes bloques globales, en este escenario es importante la capacidad autónoma de resiliencia de Europa

Europa no es débil por falta de talento, de recursos o de ahorro, sino por su fragmentación. Y ahí está la paradoja: la UE representa cerca del 17% del PIB mundial, comparable al de los grandes actores globales, pero ese peso económico no se traduce en influencia financiera. En los mercados de renta variable, las empresas estadounidenses concentran más del 60% del valor bursátil invertible del planeta, frente a apenas un 10-11% de las europeas. Esto significa que buena parte del ahorro europeo termina financiando la innovación y la industria de otros, en lugar de la economía propia.

Por eso, Letta defiende una unión entre el ahorro y la inversión que convierta esa enorme capacidad financiera europea en innovación, industria y autonomía estratégica. La crisis en torno a Groenlandia, con las pretensiones de Washington sobre el territorio danés, evidencian hasta qué punto Europa depende de decisiones tomadas fuera de sus fronteras. Por eso necesitamos todas esas fortalezas.

España, mientras tanto, ha ofrecido estos días una imagen claramente renovada. La selección ganó el Mundial gracias a la disciplina colectiva, el talento compartido y la diversidad; futbolistas como Lamine Yamal o Nico Williams simbolizan una España plural, abierta y segura de su identidad. Esta imagen se refleja también en el plano internacional: la normalización de las relaciones con México, con la visita de la presidenta Sheinbaum; el papel creciente de España como puente entre Europa y América Latina; o el protagonismo de Barcelona en la Feria FIL de Guadalajara dibujan un país capaz de construir alianzas, reconocer errores y actuar como interlocutor fiable.

En 2017, España exportaba una imagen de fractura; en 2026, proyecta solvencia institucional, pluralidad y estabilidad, a pesar de la polarización que algunos nos quieren imponer.

En un mundo marcado por los grandes bloques, la soberanía efectiva se construye aunando esfuerzos. Como en el fútbol, cuando la estrella es el colectivo, las posibilidades de competir con los mejores aumentan extraordinariamente. Europa debería tomar nota. Y la política española también.

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