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Opinión | 'THE OTHER CLUB'
Albert Sáez

Albert Sáez

Presidente del Comité Editorial de EL PERIÓDICO

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El dilema del PSOE: defender a Zapatero o arriesgarse a un escándalo mayor similar al caso Rajoy

ilustración artículo  Albert Sáez

ilustración artículo Albert Sáez / Albert Sáez Casas

Muchos cuadros socialistas, y algunos militantes bienintencionados, reprochan estos días a la prensa, especialmente a la que consideran más próxima, el tratamiento de la investigación judicial sobre las actividades del expresidente José Luis Rodríguez Zapatero. Este caso decanta algunos días, dentro del mundo socialista, hacia un asunto vergonzante como los de Ábalos y Cerdán, y otros del lado de la teoría del lawfare en el que encasillan las causas judiciales de David Sánchez y de Begoña Gómez. El PSOE no sabe muy bien como procesar el asunto, y la actitud silente o desafiante del propio Zapatero no les ayuda en nada. De hecho, su defensa judicial se basa en el intento de anular el germen de la investigación y su defensa política consiste en desafiar a la prensa, a la policía y a la oposición a que presenten pruebas de los presuntos delitos. Así las cosas, por ahora, la dirección socialista está convencida de que no tiene otra alternativa que defender a Zapatero aunque entre la militancia crece la sensación de que fue un «tonto útil» para una trama corrupta o un envidioso de los éxitos económicos de quien fue su secretario de organización, Pepiño Blanco.

Una pieza clave en la amnistía

A favor de la teoría del lawfare hay muchos elementos en la cabeza de muchos socialistas. Zapatero fue una figura clave en la campaña electoral de hace tres años. Y a nadie se le escapa que ha sido el muñidor de los acuerdos entre Sánchez y Esquerra, y muy especialmente entre Sánchez y Puigdemont. Si, como defienden algunos dirigentes socialistas, existe una conspiración político judicial (Aznar: «el que pueda hacer que haga») que quiere pasar cuentas con los responsables de aprobar y ejecutar la ley de amnistía, Zapatero es una pieza mayor. La penúltima antes de llegar al señor X de esa historia que no es otro que Pedro Sánchez al que consideran autor de un delito de lesa patria por vender al Tribunal Supremo ante la justicia europea para mantenerse en el poder. Las conspiraciones tienen tres virtudes y un gran defecto: tranquilizan la conciencia sobre las propias actuaciones, cohesionan frente a los adversarios y proporcionan aliados impensables (Rufián o Boye). Pero su gran defecto es que casi nunca son ciertas. Y en lugar de ayudar a salir de los problemas los alargan. De manera que el PSOE está ahora atascado en Zapatero: no sabe si tratarlo como a Ábalos o como a David Sánchez, por hablar de dos condenados.

Y las joyas siguen ahí...

Incluso aceptando la teoría de la conspiración y del lawfare, la cuestión es que para que la policía encuentre unas joyas en tu despacho tienes que tenerlas. Y hasta ahora, Zapatero no se ha atrevido a decir que las pusieron los agentes como acostumbran a alegar los narcotraficantes. Y las explicaciones que ha dado son inquietantes además de inconsistentes: si fueron un simple regalo personal ¿Por qué no las declaró a Hacienda? Y si fueron otra cosa ¿Por qué no puede decirla? Cobrar comisiones no es ilegal. Lo penalmente castigado es cobrar comisiones por cambiar decisiones de los funcionarios. La falta de explicaciones de Zapatero hace que esas joyas pasen de anécdota mediática a categoría judicial. Y con una mayor capacidad de penetración en la opinión pública. La lucha contra la corrupción maneja un lenguaje tremendamente abstracto para la mayoría de nosotros: prevaricación, rescate, tráfico de influencias, etc. Pero las joyas son algo que todo el mundo entiende, que sabe más o menos lo que valen y que son un emblema del poder desde tiempos inmemoriales. Y el PSOE no sabe que hacer con las joyas de Zapatero.

(José) Luis, se fuerte

La moción de censura que derribó a Mariano Rajoy se empezó a labrar el día que El Mundo publicó aquel whatsapp que había enviado a Bárcenas: «Luis, sé fuerte» le dijo. Las palabras del entonces presidente del gobierno y del PP desarmaban la línea argumental del partido en la investigación judicial sobre 'la trama Gürtel' que consistía en defender que Bárcenas era un «garbanzo negro». Si Rajoy le daba ánimos es que era algo más. Era el tesorero de los sobres de la caja B, una expresión de la corrupción tan tangible como las joyas de Zapatero. Nadie hasta entonces implicado en la trama había recibido el apoyo del one. Y ese es el dilema que tiene ahora Pedro Sánchez y, especialmente, el PSOE. Si colocan a las joyas en el lado de David y Begoña, es que Zapatero era algo más que Ábalos o Cerdán. Y si le abandonan corren el peligro de que les pueda hacer un Aldama, aunque sea con pruebas falsas. Sánchez se enfada cuando se le equipara a Rajoy en corrupción pero hay que ser muy militante, casi fanático, para no hacerlo.

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