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Opinión | Eclipse

Agnès Marquès

Agnès Marquès

Periodista

El filtro adecuado

La ciencia ha eliminado el misterio de las causas, pero no esa fascinación, más allá del asombro, que nos conecta con la magia

España redobla los controles ante la venta de gafas fraudulentas para el eclipse: pueden causar "daños irreversibles" para la vista

Imagen de archivo de personas observando desde el Planetario de Madrid un eclipse anular de sol. EFE/Fernando Alvarado

Imagen de archivo de personas observando desde el Planetario de Madrid un eclipse anular de sol. EFE/Fernando Alvarado / Fernando Alvarado

El 12 de agosto, millones de personas levantaremos la cabeza para ver cómo la Luna se interpone entre nosotros y el Sol. Hay una cuenta atrás y una excitación creciente. Con la excusa, se están organizando cenas y fiestas incluso en lugares donde el eclipse solo se verá parcialmente. Sabemos exactamente qué ocurrirá y a qué hora. Pero un eclipse sigue rozando algo ancestral en nosotros.

Durante siglos fue una ruptura del orden del mundo. El Sol aparecía devorado y se hacía la oscuridad en pleno día, como presagio de guerras, muertes o cambios de poder. Ahora conocemos los movimientos de los astros y podemos calcularlos con precisión de segundos, pero seguimos reuniéndonos para ver desaparecer la luz. La ciencia ha eliminado el misterio de las causas, pero no esa fascinación, más allá del asombro, que nos conecta con la magia.

Este diario publica hoy una guía definitiva para observar el eclipse. El mensaje principal es sencillo y, aun así, conviene repetirlo: las gafas son imprescindibles, y no vale cualquier modelo. Deben cumplir la norma ISO 12312-2:2015, estar en perfecto estado y proceder de un fabricante o distribuidor fiable. No sirven unas gafas de sol, aunque sean muy oscuras, ni una radiografía ni un cristal ahumado, porque estos días se leen cosas increíbles. Hay que ir con cuidado con la picaresca. Todos nos pusimos alguna vez una mascarilla que no nos protegía en absoluto. Recuerdo una de tela, de cuadritos vichy, que me parecía lo más mono, y bueno. Con las gafas hay que ir con más cuidado, si cabe. Los expertos advierten de que las lesiones oculares no son inmediatas.

Así que, para contemplar el fenómeno astronómico más esperado del verano, necesitaremos el filtro adecuado. Y la idea contiene una metáfora casi demasiado evidente: importa lo que miramos, pero también a través de qué lo miramos. Un buen filtro aparta aquello que puede dañarnos y nos permite observar mejor. Uno malo simplemente oscurece, deforma o nos proporciona una falsa sensación de seguridad. Ojalá nos advirtieran con la misma insistencia antes de exponernos a determinadas ideas. Las hay deslumbrantes, seductoras, llenas de demagogia, de peligros exagerados y de brilli-brilli. También para ellas necesitaríamos filtros homologados y saber quién los fabrica, qué intereses protegen, qué dejan fuera y qué radiaciones permiten pasar.

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