Opinión | Opinión

Jefa de imagen de EL PERIÓDICO
Apuntes de otra argentina que vive en Barcelona, después de la final

Final del Mundial 2026: España - Argentina, en imágenes / RONALD WITTEK / EFE
Qué alegría en las calles hubo hasta justo un minuto antes de las 21 del domingo 19 de julio. Se vivió desde el fin de las victorias en semifinales españolas y argentinas, respectivamente, como una fiesta en suspenso. Buenos equipos en una merecida final. Con el pitido final de Slavo Vinic comenzó un gran derrumbe que demuestra la magnitud de las emociones que ese partido despertó en ambos países.
Aunque Argentina viva el fútbol de una manera especialmente pasional durante todo el proceso —las expectativas, el recorrido, la ilusión, cosas que se sienten física y literalmente en el corazón—, también resulta llamativo que una parte importante de la conversación en España haya estado atravesada por una respuesta intensa - en general paternalista - a esas reacciones del cono sur, en lugar de centrarse exclusivamente en celebrar su propia victoria. Eso habla no solo de la dimensión que tiene el fútbol, sino también de cómo funcionan hoy las redes sociales y el debate público.
Uno de los aspectos más preocupantes es que todo este contexto abrió una puerta inesperada para la circulación de discursos y acusaciones xenófobas y racistas en ambos lados. Tela. Se instaló una competencia absurda por demostrar quién es más racista o quién es más xenófobo, cuando justamente debería recordarse que Argentina y España son países históricamente vinculados. Cuando podría ser una oportunidad mutua de revisar prejuicios e historia, porque nadie está exento. Sin duda nos podríamos ayudar entre naciones para determinaciones políticas reales de superación de estigmas. A la vez hay miles de españoles que viven en Argentina y miles de argentinos que viven en España. A pesar de las diferencias culturales, políticas o futbolísticas, ambas sociedades han convivido durante décadas, enriqueciéndose para un arco o el otro. Ese vínculo debería estar por encima de cualquier rivalidad deportiva.
También resulta llamativa la proliferación de teorías conspirativas sobre lo ocurrido durante la final. En ese sentido, vale la pena detenerse también en el papel de los medios de comunicación, que muchas veces terminan amplificando los enfrentamientos entre ciudadanos y entre países del engagement que buscan las plataformas.
El algoritmo premia el conflicto. El debate, la confrontación y las opiniones polarizadas generan interacción, tiempo de permanencia y visualizaciones. Los medios, en mayor o menor medida, terminan adaptándose a esa lógica. A veces lo hacen desde la propia pasión, porque los periodistas también forman parte de la sociedad, participan de las redes sociales y conversan sobre los mismos temas que el resto. Y damos lugar a las opiniones. Otras veces responden a las dinámicas que imponen las plataformas. El problema es cuando se va hacia una avalancha de odio que puede llevar a una ruptura irreversible entre sociedades.
Sobre la desgraciada y repudiable pelea final de jugadores argentinos contra los españoles y el rendimiento de la albiceleste, sorprende que tantas explicaciones giren alrededor de conspiraciones locas relacionadas con la FIFA, intereses políticos, conflictos internacionales o disputas históricas entre países, mientras casi nadie contempla una posibilidad mucho más simple y profundamente humana.
Tal vez - solo tal vez, porque declaraciones de los protagonistas no hay -lo que ocurrió entre algunos jugadores argentinos no tenga que ver con ninguna teoría conspirativa, sino con un grupo de varones, muchos de ellos amigos, enfrentándose al final de una etapa de dos décadas compartida y épica. Quizás algunos no pudieron procesar emocionalmente que ese iba a ser el último partido junto a un compañero con el que construyeron una historia deportiva y personal. No saben gestionarlo. Y esa es una puerta a abrir para hablar de qué le pasa a los hombres entre ellos en situaciones sentimentales difíciles.
Más allá de las banderas, es una posibilidad que también merece ser discutida. La final puede ser una oportunidad para reflexionar sobre cómo muchos varones atraviesan la derrota, la frustración, las despedidas y los momentos de mayor vulnerabilidad emocional. Con frecuencia, esas emociones encuentran como única forma de expresión el enojo, el conflicto o el silencio. Porque los argentinos no fueron los únicos en el mundial que repartieron hostias y agravios. Es un factor que evidentemente genera una cadena sin fin de violencia.
Quizás la conversación más interesante no sea qué pasó exactamente en una final del Mundial, sino qué está ocurriendo con la manera en que las redes sociales, los algoritmos y la inteligencia artificial amplifican determinadas emociones; cómo los varones procesan los momentos de mayor intensidad afectiva; y por qué el fútbol sigue teniendo un peso tan determinante como fenómeno cultural, social, político e incluso internacional. Quedan realmente pocos eventos hoy donde el mundo pueda compartir en tiempo real un hecho, que marque una generación completa, en vez de verlo de manera fragmentada y sesgada. Hay que hacer un esfuerzo de diálogo y construcción para combatir el odio desde el encuentro.
Suscríbete para seguir leyendo
- Rodri, electricista: 'La gente se gasta 4.000 euros en un sofá, pero le cuesta hacerlo en una instalación eléctrica porque no se ve
- Terremoto hoy en Granada: última hora en directo
- Crece el temor en el PSOE a una posible imputación del partido por el caso Leire tras el verano
- Bernat sobrevive en el bosque rompiendo todas las reglas: 'No creo que en el colegio haya aprendido casi nada de lo que es primordial para esta vida. Incluso he tenido que desaprender muchas cosas
- La promesa', avance semanal: Ángela le hace una difícil petición a Máximo y Curro recibe una carta de la Casa Real
- Feijóo vela armas en su verano más corto para su última oportunidad de llegar a la Moncloa
- Sorteo Extra Verano de la ONCE 2026, última hora en directo: número premiado y resultados
- La UDEF detecta que el testaferro de Zapatero realizó 'una operación de cobro de divisas transfronteriza' por un importe de 181.037 euros