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Opinión | La Calle Nueva
Juan Cruz Ruiz

Juan Cruz Ruiz

Periodista y escritor

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Borges acude en auxilio de Zapatero

En cada país de la tierra, a cualquier hora, siempre habrá alguien agradeciéndole al escritor argentino que le hiciera feliz en la vida

Zapatero afirma que no ha hablado con nadie de la Sepi ni del Gobierno del rescate de Plus Ultra y niega ser un corrupto

El autor argentino Jorge Luis Borges.

El autor argentino Jorge Luis Borges. / Jaume Mor

Hace muchos años, en 1983, Jorge Luis Borges, probablemente el mejor de los escritores del mundo en el siglo XX, pasó por última vez por Madrid y estuvo en el Hotel Palace buscando algo que no podía encontrar en ningún otro sitio sino allí: el cielo que se ve desde la cúpula del gran hotel en el que se alojó con su mujer, María Kodama.

Esta mujer de voz queda y de amor sin tacha al gran poeta dejó a su marido para visitar a unos amigos de Córdoba, la Córdoba española, naturalmente. Así que dejó atrás a Borges, cuyo editor en España, el inolvidable Javier Pradera, llamó a este periodista para que lo paseara desde el Palace a un restaurante de postín del que el autor de 'El Aleph' tenía referencias sin tacha.

Fui con mi familia a recoger a Borges aquella primera noche de nuestros encuentros. Él se sentó en la parte delantera del coche de mi mujer, se puso a cantar como si fuéramos de juerga (música islandesa, por cierto), y con el mismo humor nos preguntó por nuestros orígenes.

Supo ahí que mi familia tenía nombres canarios cercanos a los suyos propios, y eso le produjo un regocijo que nosotros compartimos como si hubiéramos encontrado de pronto a uno de nuestros antepasados, en este caso netamente argentino.

Años atrás nos había contado Mario Vargas Llosa que, una vez que fue a entrevistar a Borges, el gran poeta le pidió que lo llevara al baño y que le ayudara en aquella obligación inevitable. Le dijo, al entrar al excusado: “Y ahora sea usted mi capitán”.

Cuando nosotros fuimos al restaurante (éramos cinco, con él; además de Pilar García Padilla, mi mujer, que llevaba el volante, nuestra hija Eva y nuestro amigo Fernando Delgado) no me hizo en ningún momento aquel pedido, pero naturalmente se interesó por la comida y yo le fui leyendo todo lo que venía en la carta.

Desde su ceguera decidió que quería 'vichyssoise', quizá el más difícil de los alimentos que puede pedir, en cualquier caso, un ciego como él. Fui yo luego el que le dio la comida, mientras él, como en toda la noche y en las horas del día siguiente, hablaba y cantaba como si el mundo fuera aquel sitio y él estuviera tan contento. Parecía que la vida era el aire que compartíamos.

Fue una noche maravillosa que se prolongó al día siguiente cuando me pidió que le cuidara las camisas (“déjeles unas rendijas, para que respiren”) y me hizo aquel pedido para ver la cúpula del Palace, “el único sitio del mundo donde puedo ver el color amarillo”.

Luego lo acompañé de nuevo a su cuarto, hasta que Kodama llegó de su excursión cordobesa y yo me quedé con la alegría infinita que era ver cómo Borges quería a la vida y a las personas, siempre cantando.

Todo esto que llevo contado no es, ni mucho menos, arcaico, sino que responde al hecho cierto de que, en cada país de la tierra, a cualquier hora, siempre habrá alguien agradeciéndole a Borges que le hiciera feliz en la vida, aunque sea imposible que esa felicidad se reponga. Y una de esas personas (un personaje muy importante de nuestras vidas) sintió hace nada la ayuda de Borges para vivir con la posibilidad de que el futuro le ayude a sufrir el presente que le toca.

Esa persona (una personalidad, sin duda) es José Luis Rodríguez Zapatero, apasionado de Borges, incrustado ahora en un problema judicial muy complicado, de cuyo futuro no solo depende él sino también su familia y su partido, el Partido Socialista, del que fue secretario general antes de ser presidente del Gobierno.

Obligado por las circunstancias mediáticas a comparecer en una entrevista (muy buena, por cierto) de Javier Ruiz en TVE, fue explicando lo que quizá no podía explicar y también lo que explicó.

Ya ustedes sabrán de sobra lo que dijo. Yo me limito a recordar algo que fue lo único que le levantó el ánimo, y la sonrisa, a Zapatero: fue cuando le vino a la cabeza su amor por Borges, de cuya obra él ha publicado un libro, y de cuya calidad dijo esto: “Borges, al que siempre acudo para todo, decía que las humillaciones, las desdichas, los contratiempos, son materia prima para dar forma a lo que hacemos”.

“¿Cómo está usted?”, le pregunto al final Javier Ruiz a Zapatero. Y el que fue presidente le dijo: “Muy duro”. Solo le sonrió al cielo cuando le vino a la mente la ayuda que le sigue regalando Borges.

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