Opinión | MAPAMUNDI
Gibraltar ya es (un poco más) español
Esta semana se han desmantelado los controles fronterizos entre la colonia británica y el Campo de Gibraltar. Crecerá la influencia cultural y social española. Ahora hace falta recorrer el camino del tratado con cuidado, para evitar perjuicios a la población local

Explosión de alegría por el fin de la Verja de Gibraltar
Que la Verja que separaba Gibraltar de La Línea de la Concepción se abriera apenas unos minutos después de que España diera este martes un recital mundial de fútbol fue una dulce casualidad histórica. Centenares de personas cruzaron a la colonia británica desde el lado español, muchas de ellas con camisetas de la selección española y banderas nacionales.
Muchos gibraltareños cruzaron también con entusiasmo. Pasada la medianoche, el ministro principal de Gibraltar, Fabián Picardo, dio solemnemente la orden a los agentes para que se retiraran del paso fronterizo. Picardo definió a los llanitos, hace algunas semanas en conversación con este diario, como “pájaros enjaulados”, traumatizados por Franco en 1969, cuando el dictador decidió cerrar el paso fronterizo durante 13 años.
En una visita al Peñón pudimos comprobar que aquellos años marcaron un antes y un después en la conciencia colectiva de la zona. Dejaron un recelo larvado y una desconfianza persistente hacia el Gobierno de Madrid, a pesar de que muchos de ellos tienen lazos familiares con España. Si todavía no han escuchado esa maravilla lingüística que es el “llanito”, una suerte de “spanglish” con acento andaluz, háganlo y lo entenderán.
Pero ese llanito y el español en general están perdiendo terreno. En parte, por el largo proceso de britanización del sistema educativo; en parte, por las rencillas históricas; y en parte también porque España cerró en 2015 el Instituto Cervantes, que todavía no ha reabierto. Un síntoma: Picardo es perfectamente bilingüe, pero Gemma Arias-Vasquez, la candidata a sucederlo cuando deje el cargo este otoño, no se defiende con la misma soltura en español, como pudimos comprobar en una breve conversación con ella.
Ahora que ha comenzado a aplicarse provisionalmente el tratado para Gibraltar firmado entre la UE y el Reino Unido, es de esperar que los lazos culturales y sociales se refuercen. Más movimiento, más contacto, más intercambio.
Es cierto que en realidad ya iban y venían todos los días cerca de 15.000 trabajadores transfronterizos, alrededor del 70% de ellos españoles (sí, muchos en empleos de servicios peor remunerados); y ya entraban en el Campo de Gibraltar los llanitos y británicos que necesitaban algo de aire, escapar de las estrecheces de la colonia, que ha ganado al mar parte de su territorio. Pero sin controles, todo será más fluido, y las aguas se mezclarán.
Lo que vaya a dar de sí el tratado está por ver. Son más de mil páginas destinadas a regular la aplicación de las reglas de Schengen, la libre circulación de mercancías, el tratamiento del personal y del material de las bases británicas, la convergencia de la fiscalidad indirecta y las cuestiones medioambientales. Pero allí saben que todo está en realidad por escribir en esta nueva relación. Persisten incógnitas y posibles resquicios que pueden aprovechar quienes se beneficiaban del contrabando de tabaco, del juego online o de una fiscalidad especialmente ventajosa para las grandes empresas. Habrá que estar muy atentos y reaccionar rápido.
El Partido Popular ha expresado algunas dudas legítimas sobre el acuerdo: ¿qué va a pasar con los pescadores, que hasta ahora denunciaban episodios de hostigamiento por parte de las autoridades gibraltareñas? ¿Realmente se podrán complementar las bajas pensiones de los trabajadores españoles? ¿No podría haberse debatido y votado en el Parlamento español? Y la pregunta de fondo: ¿se ha perdido la oportunidad del Brexit para negociar la cosoberanía hispano-británica de la colonia?
En la calle, casi todo es alegría, aunque con matices: en La Línea temen un boom inmobiliario que dispare los precios y que la ciudad acabe siendo fagocitada económicamente por el poderoso polo que es el Peñón; del otro lado, el miedo que más expresan es que se dispare la criminalidad, algo hasta ahora poco habitual en un territorio pequeño donde casi todo el mundo se conoce. Por eso Gibraltar ha instalado cámaras de reconocimiento facial en los accesos y en distintos puntos del territorio, y ha reforzado la presencia policial y los recursos de aduanas y guardacostas. Además, el tratado permite, para determinados delitos y bajo condiciones concretas, que los agentes españoles y gibraltareños continúen una vigilancia o una persecución policial al otro lado de la antigua frontera. Iremos viendo.
- La fiscal general crea una red nacional de fiscales especialistas en jurado popular tras confirmarse que se celebrará el de Begoña Gómez
- Ordenan la retirada de seis modelos de gafas para el eclipse por 'irregularidades' en los filtros y 'riesgo de lesiones oculares
- Andrea Herranz (26 años), maestra española en Finlandia: 'Puedes ser profesora sin oposiciones y con contrato indefinido desde el primer día
- Federico (93 años) vive oculto y sin luz en el bosque desde hace casi un siglo: 'La vida es muy corta, estamos aquí cuatro días, hay que portarse bien y lo que venga
- Jueces y fiscales discrepan sobre la red de fiscales para el jurado: de la especialización necesaria a las 'dudas razonables' por el caso Begoña
- Colombia estremecida por un terremoto de magnitud 7,4 que obliga al Gobierno a declarar la situación de 'desastre nacional
- Boris y Rosa, más de 16 años sin pagar facturas: 'Siempre hay que depender de algo, pero hay que ser un poquito más libre
- Daniel Sancho ataca con dureza a su madre Silvia Bronchalo: 'Jamás la maltrató
