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Opinión | 'THE OTHER CLUB'
Albert Sáez

Albert Sáez

Presidente del Comité Editorial de EL PERIÓDICO

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Carlos Alsina se aparta de las mañanas de Onda Cero, el periodismo se queda más huérfano

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Si algún día consiguiéramos fundar algo parecido al 'Other Club' de Churchill en España, el socio número uno debería ser sin ninguna duda el radiofonista Carlos Alsina. En la última década, a medida que la polarización ganaba terreno, su monólogo de las ocho de la mañana en Onda Cero marcaba el punto justo en el que situaba el sentido común durante jornada. No es fácil hacerlo y hacerlo bien al ritmo de la actualidad. Pero Alsina siempre ha sido un discípulo aventajado de Enmanuel Levinás y nunca ha dejado de buscar el punto de vista del «otro», sea independentista, socialista, popular o podemita. Porque en todo asunto de actualidad, hay más de un punto de vista. Más de uno se llama su programa matinal. La polarización se construye a base de eliminar las miradas diferentes, dejándolas sin voz o simplemente estereotipándolas. Alsina no solo las ha llevado a su programa sino que les ha hecho cuantas preguntas incómodas se le han ocurrido y les ha dicho a la cara lo mismo que había dicho en sus monólogos. Porque dialogar no es diluirse en el otro sino explicarse cara a cara.

Un cansancio comprensible

El 'prime time' de la radio en España es tan bonito como sacrificado. Los magacines de la mañana son uno de los formatos que mantienen una mayor influencia en el panorama mediático. Pero exigen a sus conductores pegarse un madrugón que les inhabilita para la vida familiar y social después de las 8 de la tarde anterior. Si encima quieren saber de lo que hablan a las 8 de la mañana, eso obliga a dormir poco y estudiar mucho. Porque las mañanas radiofónicas son un trapecio sin red, a cualquiera de los que las conducen no hay guión que les cubra la ignorancia cuando la tienen. Y la ignorancia es uno de los caminos más seguros para la manipulación. De manera que no quiero imaginarme a qué hora debía levantarse Alsina para poder tener listo a las 8 un monólogo alejado de los argumentarios difundidos por los polarizadores de uno u otro signo. Todo ello hace perfectamente comprensible que Alsina se haya cansado y pase a la franja de media mañana. A los oyentes nos fastidia y a algunos políticos les debe aliviar. Pero ello no es motivo suficiente para elaborar una teoría conspirativa tan al uso del potaje madrileño. Los relevos pueden ser simplemente el fruto de la maduración de un proyecto periodístico como ha ocurrido recientemente en este mismo diario. Puesto que Alsina no se va, cambia de hora. Y su legado continua.

Revuelta en las mañanas radiofónicas

La salida de Alsina de las mañanas de Onda Cero coincide la próxima temporada con la marcha de quien ha sido líder en esa franja horaria desde la Cadena Ser, Àngels Barceló, que también se marcha cansada pero de otras cosas en otro contexto. Las voces profesionales pero previsibles, son más fáciles de sustituir. Aimar Bretos y Sara Canals sabrán sintonizar mejor con un momento de cambio en el ciclo político español y no de resilencia. Las apuestas de la radio, a diferencia de las de la televisión, son a medio y largo plazo, de manera que lo que ahora acaba viene de atrás y lo que empieza en septiembre se prolongará en el medio plazo. Veremos que pasa cuando Feijóo llegue al poder con quienes le han querido marcar el paso desde la Cope o desde EsRadio. Ni Carlos Herrera ni Federico Jiménez Losantos cambiarán fácilmente de dinámica polarizadora, y a los gobiernos no suelen interesarles este tipo de dinámicas. Ya les pasó con Rajoy. Los de Pedro Sánchez han sido una excepción ya que todo les parece poco cuando se trata de enervar los ánimos contra la extrema derecha.

Más orfandad del periodismo

En todo caso, la salida de Carlos Alsina de esa primer franja horaria no es en sí misma una buena noticia para el periodismo. Seguro que Rafa Latorre trata de amarrar esa audiencia que buscaba en Alsina el sentido común del día, pero necesitará una curva de aprendizaje, como todo el mundo. Y deberá hacerlo en un contexto de mayor polarización que el que coincidió con los inicios de Alsina. Así que a la espera de que acontezca lo mejor, el periodismo que trata de sintonizar con el sentido común de la gente, que es su obligación, se queda un poco más huérfano de referentes a partir de septiembre. El único consuelo que nos alivia es que el cansancio puede remitir con el paso del tiempo. Las marchas por otras causas son menos reversibles. Deseamos, pues, a Alsina un muy buen descanso porque será el mejor acicate para que en algún momento vuelva el sentido común. Lo necesitamos.

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