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Opinión | Mundial de Fútbol

Todo está escrito, allí arriba

Este equipo que merece ahora todos los elogios fue, cuando se supo la convocatoria de De la Fuente, objeto de críticas furibundas por parte de la prensa madrileña

Dani Olmo, en pugna con Olise en una acción del Francia-España

Dani Olmo, en pugna con Olise en una acción del Francia-España

Hay una jugada que es paradigma y epifonema del juego de España, la del segundo tanto en las semifinales frente a Francia. Es un ballet en diecinueve movimientos. Los pases, la mayoría a dos o tres toques, como máximo, en el primer tercio del campo y, después, el desmarque de Olmo en la medular, que genera la acción de ataque. No hay un intento en solitario del centrocampista del Barça, sino un centro hacia Baena, a la izquierda, que prueba un disparo que es interceptado por la defensa francesa. Lo vuelve a probar Rodri con otro centro, al área, también despejado. Recuperación del balón en la frontal, jugada individual de Porro, pared con Olmo, disparo y gol. “Es como si Francia no estuviera”, dijo Thierry Henry. Como si el equipo jugara contra fantasmas que trataban de enturbiar la danza. Un emblema del juego de la selección que mejor ha jugado al fútbol en toda la Copa del Mundo, con la confianza en un juego colectivo en el que cada pieza es una parte del engranaje. Como diría Pasolini, el fútbol es un lenguaje que puede escribirse en prosa (la combinación, la creación de espacios) o en poesía (el regate, el gol). El 0 a 2 de España contra Francia es un compendio enciclopédico de poetas y prosistas.

Hagamos un breve viaje en el tiempo. Este equipo que merece ahora todos los elogios fue, cuando se supo la convocatoria de De la Fuente, objeto de críticas furibundas por parte de la prensa madrileña. “Es una burla al Madrid”, dijo con vehemencia Tomás Roncero, que no entendía cómo no había, entre los elegidos, ningún jugador merengue. "No entiendo", dijo el periodista airado, "como es que Carvajal no está por encima de Porro". Sin comentarios. Nadie del Madrid (algo insólito) y, en cambio, más jugadores que nunca provenientes de la emigración futbolística, pasando, claro, por nueve catalanes y ocho del Barça. Sin llegar a ser la marca de fábrica azulgrana del 2010, esta España es también deudora de ese estilo, el de la Masia, con tres o cuatro titulares que son la médula de la selección.

Es ahí donde nace el conflicto (o la trampa) sentimental. Muchos catalanes piensan que un triunfo de España generaría una corriente nacionalista insoportable, con gritos exaltados y celebraciones kitsch. El fútbol es política, guste o no. “Preferiría que no ganara”, hacen unos cuantos, a la manera de Bartleby. Y algunos dicen: “¿Cómo no animar a un equipo donde juega un chaval de Estanyol, tan cerca de casa?”.

Y después, está Messi. Y todo lo que significa. La famosa foto de la bañera (del Sport y de Joan Montfort, recordémoslo) nos habla de conjunciones astrales, del destino. Como escribe Ferrater Mora al hablar del determinismo, "todo lo que ha habido, hay y habrá, está de antemano fijado, condicionado y establecido, y no puede suceder nada más de lo que ya está fijado, condicionado y establecido de antemano". Todo lo que el universo, estrellas, planetas, montañas, mares, hormigas y hombres y mujeres, han vivido estos diecinueve años, desde la foto, puede explicarse en función del reencuentro de este domingo entre Lionel y Lamine. Todo está escrito, allí arriba.

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