Saltar al contenido principalSaltar al pie de página
Opinión | Ágora
Jordi Rabassa

Jordi Rabassa

Concejal de Barcelona en Comú. Presidente del Consell de Districte de Ciutat Vella

Por qué confiar en El Periódico Por qué confiar en El Periódico Por qué confiar en El Periódico

Via Laietana, 43: no se puede reparar mientras una escopeta te observa

Como amamos a nuestra ciudad y a las personas que lucharon por la democracia, seguiremos alzando la voz hasta conseguir una reparación justa

Interior da por resignificado el edificio policial de Via Laietana donde el franquismo cometió torturas y asesinatos

Manifestación en Barcelona para exigir que la comisaría de Via Laietana se convierta en un centro de memoria histórica

Manifestación en Barcelona para exigir que la comisaría de Via Laietana se convierta en un centro de memoria histórica / JORDI COTRINA

El 13 de julio, el Boletín Oficial del Estado publicó la resolución que formaliza la declaración de la comisaría de Vía Laietana como «lugar de memoria». Esta publicación, que no ha despertado ningún interés mediático, profundiza en el hastío que este asunto me viene produciendo últimamente.

Ya son muchos los años de reivindicaciones cívicas, de justificaciones académicas, de argumentaciones en términos de memoria democrática, de testimonios de personas represaliadas, de concentraciones ante sus puertas y de reclamaciones institucionales para que el expediente se cierre finalmente con una resolución anodina que blinda sus usos actuales.

Desde hace años he escrito diversos artículos en la prensa y me he posicionado públicamente, de manera reiterada, a favor de la necesidad de convertir Via Laietana 43 en un espacio de reparación para las personas represaliadas, de reflexión sobre la tortura y de difusión de la red represiva del franquismo en la ciudad de Barcelona. Para hacer todo eso no es necesario declarar el edificio «lugar de memoria», pero sí es imprescindible la salida de la Policía Nacional.

Lamentablemente, el Ejecutivo del PSOE ha optado por una solución gatopardiana que le permite proclamar un hito en el ámbito memorial para que, en realidad, nada cambie. Su decisión vuelve a ser un insulto a las personas que fueron torturadas y retenidas ilegalmente en estas dependencias, y también un desprecio hacia una demanda cívica de reparación, cuya trascendencia va mucho más allá de las experiencias individuales.

La reparación tiene un sentido comunitario, en la medida en que reconoce la existencia de un sistema que ejercía control sobre toda la población y sobre cualquier forma de disidencia. El reconocimiento memorial que promueve el Gobierno queda invalidado en el momento en que consolida la coexistencia de los usos memoriales y los usos policiales.

De hecho, la salida de la policía debería haber sido el primer gran gesto de reconocimiento memorial, pero no será así. Para el PSOE, la decisión adoptada ya le permite dar por cerrado el expediente de la comisaría de Via Laietana. Pero se equivoca. El expediente seguirá abierto mientras los movimientos cívicos de la ciudad no renuncien a ello, mientras las personas represaliadas sigan alzando la voz y mientras el mundo académico continúe investigando y sacando a la luz nuevas evidencias sobre la red represiva del franquismo en Barcelona.

Montserrat Roig escribió que, si existe un acto de amor, ese es la memoria. Y como amamos a nuestra ciudad y a las personas que lucharon por la democracia, seguiremos alzando la voz hasta conseguir una reparación justa. Quizá por eso me resulta tan difícil convivir con el hastío que hoy me provoca este debate: porque nace de la constatación de que se perpetúan las dilaciones y, últimamente, las soluciones superficiales. La reparación debe recorrer el camino que va de la vivencia individual a la experiencia comunitaria, y su primera etapa ha de ser el fin de los usos policiales del edificio. Porque no se puede reparar mientras una escopeta te observa.