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Opinión | Fútbol
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No engañar al árbitro

Muchas veces criticamos al colegiado por tomar decisiones equivocadas y pocas hablamos de lo mucho que hacen los jugadores por confundirle

El árbitro salvadoreño Iván Barton sanciona con trajeta roja a Miguel Almirón por taparse la boca al dirigirse a un rival.

El árbitro salvadoreño Iván Barton sanciona con trajeta roja a Miguel Almirón por taparse la boca al dirigirse a un rival. / EFE

Seamos o no aficionados al fútbol vivimos estos días el acontecimiento del Mundial con mayor o menor interés, pero difícilmente pudiendo ignorar este acontecimiento global. La repercusión que tiene el fútbol la conocemos todos y cuando este se viste de selecciones mundiales entonces buena parte del planeta nos sentimos parte del equipo que nos representa. Más allá de sentimientos políticos y de identidades personales, el fútbol, ahora mismo, está en boca de todos.

Y por esta razón me gustaría, desde esta columna, reflexionar sobre un hecho ocurrido en uno de los partidos de eliminatoria en el que se enfrentaban las selecciones de Argentina y Suiza. Embolo, jugador del equipo helvético que ya tenía una tarjeta amarilla por una infracción, fingió ser víctima de una fuerte entrada de un contrario, y se revolcó como acostumbran a hacerlo los futbolistas para conseguir la sanción de un adversario. Lo hizo de tal manera que engañó al árbitro, pitando este falta del jugador argentino, al cual, aunque inocente, le mostró la tarjeta amarilla. Sin embargo el VAR, ateniéndose a la nueva regla aprobada por la IFAB según la cual se penalizan los engaños al árbitro, llamó al colegiado para que revisase la jugada y comprobara que había sido víctima de una simulación. El colegiado retiró la tarjeta mostrada al argentino y se la mostró a Embolo por haber simulado, lo que le supuso la segunda amarilla, y por tanto la expulsión del suizo.

Esta decisión causó la indignación del equipo perjudicado y también muchos comentaristas del mundillo dijeron estar en desacuerdo con la norma. Sin embargo, a mí me parece una norma excelente que podría acabar con esa mala costumbre de simular continuamente faltas que no existen. Muchas veces criticamos al árbitro por tomar decisiones equivocadas y pocas hablamos de lo mucho que hacen los jugadores por confundirle. Pues me parece bien que desde la sala VAR se sugiera revisar todas aquellas caídas que claramente se vean forzadas. Seguramente no siempre se acertará, pero estoy convencido de que la norma contribuirá a aminorar el abuso del engaño como útil para sacar ventaja de un lance deportivo.

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