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Opinión | Urbanismo
Juli Capella

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Arquitecto

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¿Necesita arquitectos la sociedad?

Cómo debe mutar uno de los oficios más relevantes para el futuro del planeta

El Congreso Mundial de Arquitectos de Barcelona cambia el paradigma: "La arquitectura es un servicio"

Sesión del Congreso Mundial de Arquitectos celebrada en el espacio de las Tres Xemeneies de Sant Adrià de Besòs, este lunes.

Sesión del Congreso Mundial de Arquitectos celebrada en el espacio de las Tres Xemeneies de Sant Adrià de Besòs, este lunes. / Zowy Voeten

Me dicen que no piense que oficio tendrá mi hijo –que ahora cumple 8 años– cuando sea mayor. Pues en 20 años habrá cambiado el 80% de las profesiones. Es muy probable que la que él elija aún ni exista. Aunque me temo que seguiremos necesitando cobijo. Así es que arquitectos seguiremos necesitándolos. Aunque sea un tarugo titulado usando la IA a destajo.

Barcelona es un museo al aire libre de buena arquitectura y urbanismo racional y afable. Un ejemplo peculiar de cómo, sin ser capital, puedes serlo en aquellas disciplinas en las que te empeñas. Este año, dedicado a la arquitectura, está siendo una buena ocasión para ver cuán relevante es tener bien colocadas las piedras en la ciudad.

En 1996 ya se celebró un congreso de arquitectos aquí. Una de las exposiciones principales se dedicó a la Arquitectura Democrática Catalana, y ensalzaba el tipo de proyectos que ayuntamientos, Generalitat y diputaciones habían promovido desde 1977. Pero, justo en ese momento, a mediados de los años 90, las principales obras ya no eran encargos públicos, sino privados. Las administraciones ya no querían calidad, sino cubrir expedientes sin debate.

Triunfaba la figura egoica del creador, a modo de demiurgo incuestionable. El tipo 'starchitect', aupado por el individualismo que arrasó a finales del siglo XX. Luego llegó la crisis y la autocrítica. Y se comenzó a reivindicar a los arquitectos de cabecera, aquellos que están con la gente y saben solucionar problemas con eficiencia y cercanía. Y a todo ello se fue sumando la certeza de que el planeta entraba en ruta de colisión medioambiental irrefutable. Las ciudades iban a concentrar pronto al 90% de la población, pero fallaban, no había proyecto sano para sus habitantes.

¿Qué requiere ahora la sociedad de los arquitectos? De todo un poco: vivienda social imaginativa y flexible, planificación humanizada, paisajismo respetuoso, diseño sostenible, equipamientos flexibles, interiores que no sean horteras, edificios de oficinas no arrogantes, y un largo etcétera, donde siempre habrá lugar para extravagancias para ricachones.

Pero, desgraciadamente, los arquitectos actualmente nos dedicamos principalmente a la burocracia, a interpretar normativas a menudo absurdas o contradictorias, y cambiantes. A pelearnos con los arquitectos municipales durante años. A aguantar a 'project managers' a menudo embaucadores. Mientras ingenieros y arquitectos técnicos nos van pispando atribuciones. Nuestra autoridad ante los promotores ha caído en picado, a la par que los honorarios, pero nuestra responsabilidad legal queda intacta y es exagerada.

Cada día contamos menos socialmente. Con excepción de las 'vedettes', que hacen lo que les da la gana, o las empresas de arquitectura, que ahora imperan bajo siglas

La precariedad es insultante. Si en 1996 había 25.000 arquitectos en España hoy en día son 50.000, un 100% más. Sin embargo, la población solo ha crecido diez millones, de 39 a 49, un 25% más, lo que nos coloca como uno de los países europeos con mayor ratio de arquitectos por habitante. En consecuencia, sueldos míseros de apenas 1.400€, trabajar como falso autónomo, o no cobrar, para presentarse a concursos dilapidando talento.

En la flamante y algo naif Declaración de Barcelona, resumen del congreso reciente, se tocan teclas acertadas, pero me temo que será imposible que los arquitectos podamos hacer gran cosa al respecto. Cada día contamos menos socialmente. Con excepción de las 'vedettes', que hacen lo que les da la gana, o las empresas de arquitectura, que ahora imperan bajo siglas. Apenas quedan estudios de arquitectos pensadores, ahora son fábricas con cientos de operarios para asegurar planos y permisos. Ofrecen resolver requisitos legales para erigir miles de metros cuadrados sin dar sobresaltos. Tampoco dan alegrías. Convenciendo a la administración y satisfaciendo al promotor. No dan problemas, no cuestionan. Esos son los arquitectos mercantilistas del momento, los que aseguran el producto bien empaquetado para su compraventa.

Por fortuna, este congreso también evoca la esperanza gloriosa de otro tipo de creadores, que prefieran hacer de su oficio un arte útil, proponer métodos de planeamiento y construcción solidarios con el entorno y las personas. Cocinar con mimo cada proyecto buscando su especificidad. Nosotros no hacemos productos, creamos responsablemente el entorno que nos rodea, que luego nos confortará o nos deprimirá.

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