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Aclarar el panorama

Los 'cordones sanitarios' no se piensan contra un 'Estado', sino contra una formación política mezquina, racista y populista, sin cuadros serios, basada solo en la agitación de las vísceras

Encuesta CEO: Aliança Catalana superaría a Junts y sería la tercera fuerza con el PSC a la baja y ERC al alza

Barcelona 02/06/2026 Política. Silvia Orriols,durante la sesión plenaria de aprobación de los presupuestos de la Generalitat de Catalunya 2026. AUTOR: JORDI OTIX

Barcelona 02/06/2026 Política. Silvia Orriols,durante la sesión plenaria de aprobación de los presupuestos de la Generalitat de Catalunya 2026. AUTOR: JORDI OTIX / Jordi Otix / EPC

La última encuesta del CEO nos ha aportado, al menos, tres datos importantes. El ascenso meteórico de Aliança Catalana (AC), el descenso casi trágico de Junts y el notable aumento del porcentaje de población que, en un caso hipotético, apoyaría la independencia de Catalunya. No estoy seguro de que las cifras de estos parámetros diferentes deban leerse como causa y consecuencia, porque, entre otras razones, responden a contextos diversos, casi contrapuestos. ¿Sube AC y, pues, sube el independentismo? Sería una lectura muy reductiva, porque, prácticamente, hay un trasvase de votos o, al menos, de escaños. La diferencia, notabilísima, es que un partido despega desde una base ciertamente pequeña mientras que el otro, Junts, consolida un descenso terrible desde la actual posición de segunda fuerza del país.

¿Por qué sube, pues, la opción de una Catalunya independiente, aún inferior a la de un NO a la independencia (que, recordémoslo, solo perdió en las encuestas en el momento más intenso del 'procés'), aunque con una cifra (45%) que no se daba desde hace seis años y después de la lenta y persistente desafección que hemos vivido, porcentual y psicológicamente, los últimos años? Es difícil de analizar. Este es un país extraño que ha experimentado, en una década, situaciones ciertamente críticas, momentos que debían de ser históricos (de hecho, también lo son, porque una derrota también lo es), una persecución judicial extrema, cárcel y exilio, y, en los últimos tiempos, una especie de baño maría que solo se convierte en chup-chup cuando se guisan determinadas comidas en forma de reivindicaciones simbólicas, con 'estelades' estratégicamente visibles en las etapas del Tour.

Después de todo lo que ha pasado (y aquí se pueden sumar maniobras contra la lengua, auge del imaginario colectivo español y, sobre todo, la política de comida hospitalaria y de reconciliación y de diálogo, más allá de la periclitada efervescencia), me parece bastante significativo constatar que casi la mitad de los ciudadanos de un país afirmen que querrían formar parte de otro Estado, aunque hoy este sentimiento no tiene articulación política posible.

Se entiende la euforia del partido de Orriols después de la encuesta del CEO (“el Estado Catalán libre, próspero, seguro y occidental trinchará sus cordones sanitarios”), pero son ellos mismos los que parecen no entender la realidad. Los 'cordones sanitarios' no se piensan contra un 'Estado', sino contra una formación política mezquina, racista y populista, sin cuadros serios, basada solo en la agitación de las vísceras. Es decir, sin posibilidades de formar parte de una hipotética y, en estos momentos, exangüe y pálida mayoría social soberanista.

La sentencia del TJUE de este jueves puede abrir la puerta de la vuelta de Puigdemont a Catalunya. Serán necesarios muchos pasos (el pronunciamiento del Constitucional, la previsible oposición del Supremo, el conflicto entre instituciones), pero visto cómo va todo parece la última esperanza de Junts para revertir el descenso. Para aclarar un poco el panorama, al menos.

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