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Opinión | Catalunya
Joan Tardà

Joan Tardà

Exdiputado de ERC.

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Tribu o nación

El tribalismo es sinónimo de derrota nacional y derrumbe de la lengua y la cultura catalanas

Silvia Orriols, durant la sessió plenària d’aprovació dels pressupostos de la Generalitat del 2026.  | JORDI OTIX

Silvia Orriols, durant la sessió plenària d’aprovació dels pressupostos de la Generalitat del 2026. | JORDI OTIX

Sílvia Orriols, de manera explícita y Junts, desde la confusión invitan al independentismo al repliegue. Se trata de una voluntad ausente del patriotismo de que hacen ostentación. Efectivamente, dar por hecho que una acción política incubada desde la xenofobia o por la frustración del final del 'procés' pueden generar progreso es tan absurdo como creer que la autoestima nacional saldrá reforzada.

De hecho, creer que meter al catalanismo en una trinchera facilitará su capacidad para adaptarse con éxito a los cambios vertiginosos de nuestra sociedad es tan perverso como evidente es que lo haría deslizar hacia la marginalidad y a una desnacionalización del país tan acelerada como para que, en pocos años, la catalanidad acabara reducida a sinónimo de tribu antropológica en el contexto de una sociedad de múltiples identidades superpuestas. Dicho sin tapujos: si saliera adelante, adiós al ideal de 'Catalunya, un sol poble' y hola a la catalanidad como sinónimo de antigualla (digna de merecer ser estudiada, dentro de unas décadas, por National Geographic, de igual manera que ya son presentados hoy en día los vecinos occitanos). He aquí la enorme amenaza de quienes persiguen esta pulsión tribal al tratarse de un camino sin retorno, en la medida que cualquier voluntad posterior de salir del hoyo toparía con la realidad de un país que ya les sería desconocido y de una ciudadanía que tampoco les reconocería.

Tribu es, pues, sinónimo de derrota nacional y derrumbe de la lengua y la cultura catalanas. Tribu es un 'nosaltres sols' generador de actitudes ofensivas contra los sectores más desfavorecidos económicamente y de catalanidad más débil (solo hay que sacar conclusiones al cruzar comportamiento electoral, usos lingüísticos y niveles de renta). Tribu es sinónimo de abandono del discurso histórico del catalanismo político, caracterizado para presentar atributos de modernidad (comparen al conservador Prat de la Riba y a los políticos monárquicos españoles coetáneos), atributos de republicanismo (Macià), atributos de obrerismo (Companys) y atributos de integración social y nacional ("es català qui viu i treballa a Catalunya”, tal como se fijó en el acta fundacional de la Assemblea de Catalunya del mes de noviembre de 1971).

Bajo la mirada complaciente del nacionalismo español, la derecha nacionalista catalana va presentando la hoja de ruta de las potenciales complicidades estratégicas entre Vox-Aliança y Junts-PP. De aquí que emerja la disyuntiva de la 'nación republicana', la del país de todos y para todos, donde la catalanidad sea el campo de cultivo donde hacer crecer una sociedad de derechos y deberes, en la cual el conjunto de la ciudadanía pueda aspirar, en igualdad de condiciones, a la felicidad a través de un estado social que garantice suficientes condiciones sociales y económicas para una vida digna.

Evidentemente, optar por la ruta de la construcción de la nación republicana exige asociarla al ideal de la emancipación. Un esfuerzo ciertamente titánico en tiempos de regresión global, que obliga a actuar en campo abierto, aceptando el permanente fuego amigo (que desde el nacionalismo se acuse a Rufián de traidor por hacer independentismo en castellano o que se haya construido el imaginario que republicanismo es sinónimo de alevosía por confrontar y, a la vez, colaborar con Pedro Sánchez son prueba de ello). Y todavía más, exige tener que resolver interrogantes urgentes surgidos de las contradicciones presentes en este momento histórico, de entre los cuales dar respuesta a cómo tienen que converger las izquierdas catalanas para no dejar huérfano de soberanismo a la extendida clase social del precariado, buena parte de la cual es ajena al catalanismo político o apenas descubren la catalanidad más superficial, al ser en gran parte de origen extranjero.

Construir la 'nación republicana' exige que la izquierda nacional asuma el reto histórico de cohesionar a las nuevas mayorías demográficas para conquistar la hegemonía política, por lo cual genera desasosiego la retahíla de pronunciamientos de líderes que pretenden situar el objetivo del republicanismo en el campo de una competición y/o un entendimiento entre las exiguas clases medias.

En definitiva, si lo soberanismo de izquierdas, y básicamente, ERC como 'pal de paller', se niega a representar prioritariamente a los sectores más humildes del país, ¿quién asumirá, hoy y en el futuro inmediato, la tarea de incorporarlos a la lucha social nacional, tal como llevó a cabo el PSUC en las últimas décadas de la dictadura? Porque no solo resulta ficticio que sin su protagonismo pueda construirse un escenario disruptivo que conquiste un proceso constituyente, sino que adquiere categoría de suicidio político dejar un inmenso vacío susceptible de ser ocupado por los adversarios de la democracia y por los enemigos de Catalunya.

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