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Opinión | Fútbol en América
Jorge Dezcallar

Jorge Dezcallar

Embajador de España.

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Cosas del Mundial

Lejos queda aquello de que el fútbol es un deporte donde juegan once contra once y siempre gana Alemania

Dibujo sobre el mundial de fútbol de Leonard Beard.

Dibujo sobre el mundial de fútbol de Leonard Beard. / Leonard Beard

La televisión pública presume de récords de audiencia que cabe adjudicar al Mundial de fútbol o al Tour de Francia más que a la calidad del resto de su programación. Pan y circo que nos distrae de los escándalos de corrupción que crecen a diario, y como estamos hartos lo agradecemos. El campeonato que se celebra en México, Estados Unidos y Canadá, los tres ya eliminados, reúne por vez primera a 48 equipos que juegan 67 partidos, algunos a horas incómodas para los europeos que nos seguimos considerando el ombligo del mundo por más que haga ya tiempo que hemos perdido esa centralidad. También incorpora novedades como las pausas para hidratación, necesarias y que permiten anuncios adicionales para mantener en pie este descomunal negocio. La FIFA ingresó 7.000 millones de dólares en el Mundial de Catar y espera alcanzar 13.000 millones este año.

Al margen de algunos aspectos desagradables por parte de la política migratoria norteamericana que no ha permitido entrar a seguidores de países como Argelia o Senegal, ni pernoctar en Estados Unidos a los jugadores de Irán, o del escándalo que ha supuesto la intervención del mismo Trump ante el presidente de la FIFA, Infantino, para quitar una tarjeta roja al jugador norteamericano Balogun, el campeonato está siendo un éxito de fútbol y de espectadores. Un dato curioso es que se han clasificado más equipos africanos que nunca, un total de diez, con el añadido de que nueve superaron la fase de grupos demostrando que algo está cambiando muy deprisa. Por otra parte, no resulta fácil explicar que China o India, con 1.400 millones de habitantes, no consigan once buenos jugadores mientras los tiene Curaçao con solo 156.000. Misterios del fútbol.

Como al final solo puede quedar uno, poco a poco van siendo eliminados grandes del fútbol como Alemania, Uruguay, Países Bajos, Brasil, Portugal... mientras dan la campanada Cabo Verde o Noruega, Argentina pasa con apuros, y seguirá habiendo sorpresas porque esto es fútbol y un mal día lo puede tener cualquiera y acabar con los sueños de un país. ¡Qué lejos queda aquello de que el fútbol es un deporte donde juegan once contra once y siempre gana Alemania! Ya no.

La globalización también ha llegado al mundo del fútbol: en el primer Mundial de 1930 participaron 13 equipos y solo el 5% de los jugadores habían nacido fuera del país cuyos colores defendían. Hoy son 48 equipos y los nacidos fuera alcanzan el 23,2 %. En Curaçao ese porcentaje llega al 98% pues casi todos sus jugadores han nacido en Países Bajos, la antigua metrópoli adónde sus familias habían emigrado. En el caso de Marruecos alcanza el 73,5%, mientras que los porcentajes más bajos corresponden a España, Inglaterra y Japón con 3,8%. Eso significa que muchos cracks juegan como emigrantes cualificados en ligas europeas y que los que molestan a algunos son los emigrantes pobres, porque los ricos son bienvenidos. Lo confirma la actual persecución que sufren congoleños, malienses, tanzanos y mozambiqueños en Sudáfrica, una vergüenza que nada tiene que ver con el fútbol y que muestra que también hay racismo entre negros.

Finalmente, un dato no menor para nosotros, el Mundial nos ha dado la excusa perfecta para que el rey Felipe VI viajara a México para ver el partido contra Uruguay y de paso normalizar una relación bilateral dañada por las estúpidas pretensiones de López Obrador y de Sheinbaum de que pidiéramos perdón por la conquista de Hernán Cortés. ¡Como si nosotros exigiéramos responsabilidades a los romanos o a los árabes que también hicieron de las suyas cuando nos conquistaron! ¡Menos mal que les ha eliminado del Mundial Inglaterra y no nosotros porque sólo Dios sabe de lo que nos hubieran culpado! Cuando establecimos relaciones diplomáticas, también Israel quiso que pidiéramos perdón por la expulsión de los judíos en 1492 y con esa pretensión vino el presidente Herzog en 1993 para asistir a una ceremonia en la sinagoga principal de Madrid... donde el rey Juan Carlos I, con buen criterio, se limitó a celebrar "el reencuentro", que no es poco. Y con eso se tuvieron que conformar.

Y como esto del fútbol es muy tribal y estamos eufóricos tras derrotar jugando bien a Uruguay, Austria, Portugal y Bélgica (una victoria importante porque un meme que circulaba estos días decía que el perdedor se quedaba con Puigdemont), yo deseo que el Rey asista a la final porque eso significará que la jugamos... Soñar es bonito.

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