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Opinión | Apunte

Astrid Barrio

Astrid Barrio

Profesora de Ciencia Política de la Universitat de València

¿De Convergència a Aliança?

Silvia Orriols, durente una sesión plenaria

Silvia Orriols, durente una sesión plenaria / Jordi Otix

El reciente depósito del archivo de Convergència Democràtica de Catalunya en el Arxiu Nacional simbolizó el cierre definitivo de un partido desaparecido hace una década tras una crisis en la que confluyeron el impacto de la confesión de Jordi Pujol, los sucesivos casos de corrupción y la transformación del contexto político derivada del procés. Este último reordenó el sistema de partidos catalán y alteró las condiciones que habían permitido a Convergència ejercer la centralidad del catalanismo desde la transición.

El PDeCAT nació con la voluntad de preservar ese espacio político, pero nunca llegó a consolidarse. La irrupción de Junts per Catalunya y la centralidad adquirida por Carles Puigdemont tras 2017 desplazaron rápidamente al nuevo partido y acabaron por convertir a Junts en el principal heredero del espacio convergente, al integrar la mayor parte de la organización, de sus cuadros dirigentes y de su electorado. Una continuidad organizativa convivió, sin embargo, con una profunda transformación política. La evolución de Junts quedó estrechamente ligada al ciclo abierto por el procés y al liderazgo de Puigdemont, hasta el punto de que la expectativa de su regreso tras la aprobación de la ley de amnistía ha condicionado las decisiones estratégicas de la organización, ha retrasado la renovación de sus liderazgos y ha dificultado su adaptación a un escenario político del postprocés, aunque su protagonismo en la política española haya permitido camuflar su declive y creciente debilidad.

Las últimas encuestas evidencian ese desgaste. El Centre d'Estudis d'Opinió sitúa a Junts como cuarta fuerza en el Parlament, con una estimación de entre 16 y 18 escaños, por detrás del PSC, ERC y Aliança Catalana, mientras que el Barómetro de Barcelona lo relega a la séptima posición. Más que una fotografía coyuntural, ambos sondeos apuntan a una tendencia de fondo consistente y compatible con las dificultades que está encontrando el partido para redefinir su posición en un escenario postprocés, al tiempo que Aliança amplía su capacidad de competir por una parte del electorado que tradicionalmente había pertenecido al espacio convergente y post.

El profesor Miquel Caminal interpretó la historia del catalanismo como una sucesión de etapas articuladas en torno a un partido predominante. Convergència desempeñó ese papel durante más de tres décadas. El procés abrió una etapa de creciente competencia con ERC por el liderazgo del catalanismo y puso fin a esa posición predominante. Desde entonces, ese espacio se ha ido fragmentando y se ha visto sometido a una competencia creciente entre Junts, ERC y ahora Aliança. Por ello, la cuestión ya no es únicamente qué partido liderará el espacio catalanista en el postprocés, sino también si el ascenso del partido de Silvia Orriols anticipa una reconfiguración del catalanismo político, articulado sobre unas coordenadas ideológicas y, en particular, sobre una concepción de la nación catalana distinta de la que ha predominado históricamente.

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