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Opinión | Bajas
Ana Bernal-Triviño

Ana Bernal-Triviño

Profesora de la UOC y periodista.

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El 'absentismo' de las mujeres

Las mujeres registran más procesos de incapacidad temporal por enfermedad común. En las enfermedades profesionales predominan los hombres

Feijóo tacha de "cáncer" el absentismo laboral y Sánchez le ataca: "Deja claro de qué lado está"

Las últimas declaraciones del líder de la oposición, Alberto Nuñez Feijóo, sobre el aumento de absentismo laboral en España han encendido el debate político

EFE

Preguntemos: ¿Cuántas personas han ido alguna vez enfermas a trabajar, muchas con temor a perder su empleo? ¿Cuántas se incorporan enfermas aún, con aval de la mútua o tribunales médicos? Con la baja posterior, aún en estado más grave. Deduzco que bastantes, pero no hay estadística. Hago otra pregunta a las mujeres: ¿Cuántas hemos ido a trabajar con molestias, mareos, náuseas, dolor, hemorragia, cólicos… con la regla, endometriosis, embarazo o menopausia?

Cuestiono esto frente a la idea de Alberto Núñez Feijóo de que el absentismo laboral es un "cáncer". Jetas siempre ha habido, pero no es de lo que hablamos. Baja médica no es absentismo, es incapacidad temporal. No se toma la baja, la da un doctor o doctora. No son vacaciones. Es que no puedes trabajar. Hay personal que cobra menos cuando está de baja. Y quien cobra el 100 % es porque empresa y sindicatos lo firmaron. Es un derecho pactado en un proceso de negociación colectiva.

Imaginemos que Feijóo gana las elecciones. Que prospera su idea, la misma que la de Garamendi y la patronal. ¿Quiénes serían las más afectadas? Espóiler: las mujeres. Las que padecen la brecha económica y las que sacrifican su disponibilidad.

Las mujeres registran más procesos de incapacidad temporal por enfermedad común. En las enfermedades profesionales predominan los hombres. Ellos están en la estadística del amianto, la sílice o la construcción. Ellas aparecen con tendinitis, fibromialgia, lesiones musculoesqueléticas, túneles carpianos, sobrecargas y enfermedades derivadas de cuidar cuerpos ajenos, mientras el suyo se rompe poco a poco. Levantar pacientes. Cambiar pañales. Limpiar habitaciones. Fregar suelos. Pasar miles de productos por una caja registradora. Doblar productos. Hacer camas. El trabajo invisible también lesiona. Si todas las mujeres se dieran de baja de todo al menor dolor, fuera y también dentro del hogar, se caía el mundo.

Luego están las complicaciones del embarazo que computan, en casos, como enfermedad común. Como si gestar fuera igual que un catarro. A eso se suma la doble jornada. El empleo remunerado y el no remunerado. Así que cuando alguien propone endurecer las bajas médicas, no lanza una medida neutra. Carga más peso sobre quienes ya soportan más.

Antes habría que mirar hacia un sistema sanitario de las comunidades autónomas que no reduce listas de espera, que no deja tiempo para diagnosticar y el que tiene centros de salud casi vacíos mientras no hay citas. Eso sin obviar que quizás muchas bajas por depresión o ansiedad ni siquiera se deben a ello, sino a enfermedades no detectadas a tiempo. Después está la otra parte de la historia. ¿Cuántas bajas nacen del puesto de trabajo? ¿De jornadas imposibles, plantillas insuficientes, 'mobbing', acoso laboral o sexual? Quizá haya que empezar por reducir aquello que enferma.

Dicen que nadie quiere devolver a las mujeres a casa, pero van creando oportunidades para hacernos con todas las papeletas. No hace falta prohibirnos trabajar. Basta con mermar los derechos.

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