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Opinión | En clave europea

Eliseo Oliveras

Eliseo Oliveras

Analista sobre la UE y la OTAN

La OTAN busca frenar el 'Made in Europe'

Trump y Rutte han aprovechado la cumbre atlántica en Ankara para intentar limitar la iniciativa de la UE para desarrollar una industria militar propia e independiente

El secretario general de la OTAN, Mark Rutte.

El secretario general de la OTAN, Mark Rutte. / Michael Kappeler / DPA

Estados Unidos y el secretario general de la OTAN, Mark Rutte, han aprovechado la cumbre atlántica en Ankara del 7 y el 8 de julio para intentar limitar la iniciativa de la Unión Europea (UE) para desarrollar una industria militar propia e independiente con el establecimiento de la preferencia europea en las inversiones militares financiadas con fondos comunitarios.

Estados Unidos y Rutte promueven un Made in OTAN como alternativa al Made in Europe establecido en el fondo de defensa europeo SAFE de 150.000 millones de euros, el Programa para la Industria Europea de Defensa (EDIP) y el proyecto del futuro marco presupuestario europeo 2028-2034. La reglamentación de la UE en esos programas condiciona el acceso a los fondos a que al menos el 65% del coste total de los componentes utilizados en los productos de defensa adquiridos proceda de la UE, Ucrania o de los miembros del Espacio Económico Europeo y la Asociación Europea de Libre Comercio. Rutte insistió en Ankara en que lo que se necesita son capacidades militares que sean “realmente Made in OTAN”, fruto de una estrecha colaboración entre las industrias de Estados Unidos y Europa.

Estados Unidos quiere que el mayor gasto en inversión militar europeo se destine prioritariamente a comprar armamento norteamericano, como hasta ahora. El 58% de las compras anuales de armamento de los miembros europeos de la OTAN proceden de Estados Unidos desde 2016, indica el informe Tendencias en Trasferencias Internacionales de Armamento 2025 del Instituto Internacional de Estudios para la Paz de Estocolmo (SIPRI).

El volumen total de las importaciones se ha multiplicado por 2,4 en los últimos cinco años en comparación al periodo 2016-2020, aunque el porcentaje ha permanecido estable, precisa el SIPRI. Europa es también para EEUU su principal mercado mundial de exportación de armamento (38% del total) y su volumen se ha multiplicado por 3,2 respecto al periodo 2016-2020, detalla el SIPRI. Rutte reconoció en una reciente entrevista en el Financial Times que el actual rearme de Europa sostiene 195.000 empleos en la industria militar norteamericana.

Estados Unidos, además de la riqueza que aporta la venta de armamento a Europa, se opone a la normativa de la UE de la preferencia europea para poder seguir controlando políticamente la actuación de sus aliados europeos, primero, prolongando su dependencia del armamento norteamericano y, segundo, controlando el uso concreto de esos armamentos, ya que dependen de la licencia y de la autorización de Washington.

Por ello, el reglamento del programa SAFE de la UE establece que el uso de los fondos en la compra de armamento sofisticado queda restringido a que el estado adquiriente, entre otras cosas, pueda modificar el equipo adquirido sin restricciones ajenas a la UE en una amplia gama de equipos: sistemas de defensa aérea y antimisiles, capacidades marítimas superficiales y submarinas, drones, inteligencia artificial, guerra electrónica, y elementos de apoyo estratégico (transporte aéreo, repostaje en vuelo, mando y control y activos y servicios espaciales).

Los embajadores norteamericanos ante la UE y la OTAN, Andrew Puzder y Matthew Whitaker, llevan meses criticando con dureza a la UE por restringir el acceso de las compañías norteamericanas a los programas de compra de armamento financiados con los fondos europeos a causa del Made in Europe y las exigencias de que los países de la UE mantengan el control sobre el diseño, la configuración y la futura modificación del armamento adquirido. Estados Unidos asegura que esa normativa debilitará la capacidad defensiva de la OTAN y dificultará los suministros militares a Europa.

Estados Unidos y Rutte lograron incluir en la Declaración de la Cumbre de Ankara de la OTAN una referencia a trabajar para “eliminar las barreras comerciales en defensa entre los aliados” y para “maximizar la cooperación industrial en defensa” dentro de la OTAN. Para crear fuentes de financiación alternativas a los fondos de la UE y del Banco Europeo de Inversiones (BEI) para que los estados y la industria militar europea puedan adquirir armamento y componentes norteamericanos sin restricciones, la OTAN promueve la creación del Defence, Security & Resilience Bank (DSRB). La cumbre de Ankara también aprobó la puesta en marcha de una nueva Estrategia para la Cooperación Industria-OTAN, que parece otro mecanismo para intentar sortear y limitar el alcance de la normativa de la UE sobre la preferencia europea.

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