
Periodista
Murat Yakin tiene el segundo mejor trabajo
Por si acaso queda vacante quede constancia desde aquí, ante la Federación Helvética de Fútbol, mi candidatura al puesto de seleccionador suizo

Murat Yakin, el seleccionador suizo, consuela a Akanji. / Andreea Alexandru / AP
Mi próxima columna la escribiré ya desde el exilio de Cala Montgó, mis lectores saben que, como reconocimiento al Vivales, desde que este se largó al exilio, yo también me exilio cada año. En mi caso es solo durante un mes, porque no tengo su misma suerte y el resto del año trabajo.
La de exiliado no es mala profesión, pero no consta oficialmente como tal. En estos días de Mundial de fútbol, me he dado cuenta de que la mejor profesión del mundo es la de seleccionador de Suiza, no hay más que ver la pinta que gasta Murat Yakin, que este es su nombre. Exagero, la mejor profesión del mundo es la de embajador español en la Unesco, pero para conseguir el puesto hay que salir a bailar como una adolescente en despedida de soltera durante un mitin de Pedro Sánchez, y eso no está al alcance de casi nadie, de ahí que Miquel Iceta se ganase el puesto sin esfuerzo, haciendo solo lo que le pedía el cuerpo. Ahora vive en París sin pegar golpe, que es lo que se le exige a un embajador ante la Unesco, y siendo, con razón, el único hombre del mundo que no envidia al seleccionador suizo. Iceta lleva a cabo sin descanso lo que Pla calificaba como “vida cubana”: pasear, ir al cine y leer el periódico. Y encima, en París.
Une ve en la banda a Murat Yakin durante un partido, despreocupado, elegante, con su melena medio canosa peinada hacia atrás, su chaqueta de marca y sus gafas de moda, y se lo imagina en su tercer matrimonio, por supuesto con una jovencita. Salvo el chollo de Iceta, no existe puesto de trabajo más tranquilo, ya que los suizos tienen al fútbol lejos de sus primeras preocupaciones, muy por detrás del chocolate, los relojes de cuco, las vacas, el secretismo bancario, la limpieza en las calles, Guillermo Tell, unos tragos de Rivella, las navajas multiusos y el convertir en ciudadanos dispuestos a ducharse cada día a unos cuantos lacistas que se instalaron allí una vez descubrieron que, para independencia, la suiza y, para opresión, la de francos suizos oprimiendo la cartera. Tal vez por eso, porque les importa un carajo el fútbol, Suiza cumple papeles más que dignos en todas las competiciones. Un jugador suizo falla un penalti decisivo y al regresar a su país su señora le dice que con la excusa del fútbol hace días que no baja la basura, mientras que un colombiano se marca un gol en propia puerta y se arriesga a recibir un tiro en la cabeza. La presión no es la misma.
Los jóvenes, inexpertos ellos, sueñan estos días con ser Haland, Messi, Mbappé, Yamal o Kane -algún rarito también habrá que se depila las cejas para ser Cristiano-, pero los que ya tenemos una edad para saber de qué va la vida, no tenemos dudas: queremos ser Murat Yakin (salvo Iceta, no sé si lo he dicho antes). Un trabajo que consista en reunir de vez en cuando a una veintena de muchachos que sepan jugar un poco al fútbol, ya es de por sí envidiable, pero si además a nadie le importa el resultado que consiga y cobra por ello 3,4 millones al año, colocados en un banco suizo y pagando menos impuestos que usted y yo, a nadie extraña que durante los partidos de Suiza, en la banda haya un tipo con pinta de 'play boy' vividor, hasta se da un aire a Philippe Junot.
El único problema que Murat Yakin podría tener en la vida que le ha sido dada, es que -según me he informado- su mujer es vegetariana y es la que cocina en casa. Pues ni así. Para evitar disputas, tiene por costumbre ir a comer de restaurante, con lo que los dos salen ganando: así se resuelven los conflictos en Suiza, no es raro que la ONU tenga ahí unas oficinas.
Ignoro cuando se van a convocar oposiciones a seleccionador de Suiza, imagino que, puesto que a nadie importa si la selección gana o pierde, el cargo es vitalicio (hace años que observo con envidia a Yakin en la banda, ni siquiera ha perdido pelo, el condenado). Por si acaso queda vacante -doy por sentado que no será a causa de un ataque al corazón- quede constancia desde aquí, ante la Federación Helvética de Fútbol, mi candidatura al puesto, no tengo tanto pelo pero, como él, fui también defensa en mi juventud, y a despreocupado no hay quien me gane. Preferiría lo de la Unesco, pero una vez que ha alcanzado su objetivo de vivir bien, Iceta no va a soltar la embajada. Además, no me veo brincando y chillando a lado de Pedro Sánchez para que se fije en mí, hay cosas de las que uno no es capaz.
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