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Opinión | Conocidos y saludados
Josep Cuní

Josep Cuní

Periodista.

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Luis Argüello, redentor crucificado

El arzobispo de Valladolid se ha ratificado. Manual en mano, recuerda que su intervención tenía carácter académico y que se ha descontextualizado un concepto sobre el que Ratzinger impartió doctrina

Trump afirma que España "se ha redimido por completo" y ha accedido a hacer un gran pago a la OTAN

Bolaños recrimina a Argüello sus palabras contra el Gobierno: “¿Y si calificásemos a la Iglesia como banda de agresores sexuales?”

El presidente de la Conferencia Episcopal Española, Luis Argüello, en el Obispado de La Laguna.

El presidente de la Conferencia Episcopal Española, Luis Argüello, en el Obispado de La Laguna. / María Pisaca

Redimir no es un verbo habitual. Lo utilizamos tan poco, que la RAE considera su uso muy bajo, casi residual. Por no constar, ni siquiera está en el listado de las siete mil palabras más frecuentes en nuestras conversaciones. En su defecto, preferimos sus sinónimos. Liberar, rescatar, eximir, salvar o recuperar son mucho más corrientes. Por eso sorprendió que un personaje a quien se tiene por poco ilustrado, como Donald Trump, anunciara que España “se había redimido por completo”. Lo dijo tras la cumbre de la OTAN en Ankara. Allí donde Erdogan regaló a sus aliados ¡un revólver!

Como sea que el presidente de los Estados Unidos había arremetido de nuevo contra España por ser “un caso perdido y un aliado horrible”, incumpliendo su exigencia de invertir el 5% en defensa, el presidente Sánchez se preparó para el previsible órdago y durante la reunión expuso sus datos, demostró que “es un socio fiable” y, al parecer, le convenció.

Y Trump se despidió de Ankara impartiendo su redención sin dejar claro si nos liberaba de la esclavitud a la que pretende someter a la Europa que quiere que baile a su son, o nos redimía del pecado político cometido por nuestro gobierno de ser el primero comunitario que le plantó cara. O las dos acepciones de la palabra a la vez. Tampoco sería de extrañar en quien lo quiere todo y lo consigue. Sea hablando con su amigo Infantino, para que la FIFA anulara una tarjeta roja a un jugador de la selección de su país en pleno Mundial, sea atribuyéndose el papel superior y global de redentor de faltas ajenas. Por algo tiene el aval de los evangélicos, que consideran su liderazgo como un instrumento divino.

Al tiempo, en Madrid, todo un arzobispo que por su vocación y dedicación algo debe saber del efecto sanador de la redención, intercambiaba los papeles con el magnate y sentenciaba que “cuando un Estado olvida la ética se convierte en una banda de ladrones”. Dice que no hablaba del gobierno, pero apostilló: “A las pruebas me remito”. Fue monseñor Luis Javier Argüello García (Meneses de Campos, Palencia, 16 de mayo de 1953).

Amparándose en una cita de San Agustín, la frase del presidente de la Conferencia Episcopal Española ha levantado la polvareda previsible, excitando unos ánimos ya caldeados y ahora, además, espoleados por las tórridas temperaturas. Al siempre predispuesto ministro Bolaños le faltaron minutos para replicarle con la potencial generalización de la Iglesia católica como banda de agresores sexuales. Remitiéndose también a las pruebas, por supuesto. Y la ministra Robles, que como titular de Defensa se apunta a todas las batallas, le pidió rectificar.

Lejos de hacerlo, el arzobispo de Valladolid se ha ratificado. Manual en mano, recuerda que su intervención tenía carácter académico y que se ha descontextualizado un concepto sobre el que Ratzinger impartió doctrina. Admite, eso sí, que él es persona espontánea, que no aprende y que eso no le ayuda.

Lo interesante del revuelo es que sea una invocación a Agustín de Hipona, a cuya orden pertenece el Papa. León XIV, en cambio, se guardó mucho de usar la cita en su alocución al Congreso. Siendo coherente con el texto leído, podía remitirse a las pruebas y preguntar al hemiciclo: “¿qué son los reinos sino grandes bandas de ladrones? ¿Y qué son las bandas de ladrones sino reinos en pequeño?”. Pero no procedía.

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