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Opinión | 610,8 km
Martí Saballs Pons

Martí Saballs Pons

Director de Información Económica de Prensa Ibérica.

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La economía del Mundial

El fútbol es un deporte de países ricos que, además, ha sabido cómo integrar a jugadores procedentes de otros orígenes

Erling Haaland, el vikingo más viral del Mundial

Erling Haaland, el vikingo más viral del Mundial / JUSTIN SETTERFIELD / AFP

La presencia en los cuartos de final del Mundial de fútbol de Suiza y Noruega ha permitido soñar con la posibilidad de que dos de los países más desarrollados y ricos del planeta puedan jugar una final inédita. En el Índice de Desarrollo Humano (IDH) de las Naciones Unidas el país centroeuropeo ocupa la segunda posición y el escandinavo la tercera (Islandia lidera). En renta per cápita, Suiza (110.000 euros) es el sexto y Noruega (92.000) el noveno de la Tierra. Los conciudadanos (5,6 millones de habitantes) de Erling Haaland y de la princesa Elsa de 'Frozen' también pueden jactarse de tener su futuro de bienestar económico y social y el de las próximas generaciones cubierto gracias a que Noruega tiene el mayor fondo soberano de inversiones del mundo. De Suiza ya descubrimos hace años que aparte de ser puntuales, cantonalistas, votar en referéndum cualquier ocurrencia, esquiar, guardar dinero, fabricar relojes y quesos, también saben darle puntadas a un balón.

Bélgica, Francia, Inglaterra (Reino Unido) y España, el resto de selecciones europeas entre las ocho mejores, también forman parte del selecto grupo de países ricos. Incluso Argentina, que ocupa la posición 47ª en IDH y cuya renta per cápita es de 12.000 euros, está en el rango medio alto del mundo. Y, si apuramos, entre los países africanos, Marruecos (120 posición en IDH y una renta de 4.500 euros per cápita), es uno de los más ricos: el undécimo entre 54. Por población tampoco pasa desapercibido que ninguno de los cuartofinalistas forma parte de los veinte más poblados de la tierra. Solo Francia y el Reino Unido se acercan.

El fútbol es un deporte de países ricos que, además, ha sabido cómo integrar a jugadores procedentes de otros orígenes. Están las selecciones que en las últimas décadas han ido integrando a sus ciudadanos procedentes de las antiguas colonias o de la inmigración y luego están, como Marruecos, los que han ido a buscar a los futbolistas que forman parte de la diáspora que se formaron en el extranjero y optaron por jugar con la selección del país de sus padres. De los 26 seleccionados marroquíes, 19 nacieron fuera del país. El fútbol, para dejarlo claro, es la mejor receta contra los racistas de nuevo cuño, cuya prioridad para dar carnés es el color de la piel.

Ganan los países ricos, pero los emergentes también pueden sacar partido. Para países como Cabo Verde, la selección más querida y admirada del campeonato, además, el fútbol se ha convertido en su mejor carta de presentación. Con un 25% de su PIB dependiente del turismo, el archipiélago atlántico seguro que empezará a captar aún más la atención. El primer empleador internacional es el grupo hotelero español Riu, con seis establecimientos. Con un 50% de clientela británica, aunque este mercado se está ralentizando, se auguran “los próximos meses -caboverdianos- con optimismo, al empezar a detectar un notable repunte en el ritmo de entrada de nuevas reservas.” Qué mejor forma de levantar fronteras.

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