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Opinión | Trump
Ernest Folch

Ernest Folch

Editor y periodista

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Cobardes antes que españoles

Resulta que los pretendidos patriotas que siempre dan lecciones de españolidad han preferido callar antes que defender los intereses de su país

Trump incendia la cumbre de la OTAN con reproches a España y Europa... para luego celebrar "el gran amor y unidad de la alianza"

El Presidente de EE.UU., Donald Trump, habla durante la última reunión de líderes de la OTAN en Ankara (Turquía)

El Presidente de EE.UU., Donald Trump, habla durante la última reunión de líderes de la OTAN en Ankara (Turquía) / Europa Press/Contacto/Marek Ladz / Europa Press

Quizás lo más interesante de Trump no son las imbecilidades que dice, que ya están descontadas, sino cómo obliga a todo el mundo a posicionarse. Ante un desequilibrado, la neutralidad no es posible, de ahí que su presencia perturbadora esté cambiando por sí sola las reglas de la política internacional. El problema de Trump es que desnuda al que tiene delante y obliga a sus sorprendidos interlocutores a transitar por terreno desconocido.

Curiosamente, los que salen mejor parados son los que han sabido construirse por oposición a su figura y crecen simplemente manteniéndose firmes, como les ha ocurrido al papa León XIV o al propio Pedro Sánchez, beneficiados ambos por las invectivas del presidente estadounidense. En cambio, los que peor soportan el test de estrés trumpista son los de su pretendido espectro ideológico. Da hasta vergüenza ajena ver cómo llegan a arrastrarse ante él personajes patéticos como Javier Milei o Mark Rutte, convertidos en unos pobres pelotas que avergüenzan a las instituciones que representan. Los hay que simplemente bajan la cabeza, como el pobre Friedrich Merz, incapaz siquiera de decir nada cuando el ogro americano atacaba delante de él a Sánchez y a otros presidentes de la Unión Europea.

La única líder de la derecha que ha tenido la valentía de enfrentarse a Trump ha sido Meloni, que lo ha hecho directamente y sin complejos, sin ningún reparo en prohibir que los bombarderos americanos aterrizaran en Italia de camino a Irán. ¿Y la derecha española? Entre temerosa, desconcertada y acorralada, incapaz de darle la razón a Sánchez, pero a la vez consciente de que en España solo apoya a Trump un friqui, un ultrarrico o un enfermo.

En la estrambótica cumbre de la OTAN, Donald Trump ha llamado esta semana a España "causa perdida" y "aliado terrible", ha pedido cortar todo el comercio con España y ha ordenado a su Tesoro elaborar una lista de productos españoles susceptibles de embargo. Ha llegado a decir que las autoridades españolas son "mala gente" por no pagar ni participar como el resto de socios. Diecisiete mil millones de euros de exportaciones anuales penden de ese exabrupto. Y, sin embargo, Feijóo y Abascal han optado por un estruendoso silencio.

Sí, resulta que los pretendidos patriotas que siempre dan lecciones de españolidad han preferido callar antes que defender los intereses de su país. Mientras Meloni demuestra al menos que siempre será italiana antes que nada, nuestra pobre derecha prefiere ser trumpista antes que patriota. Se confirma que la variante ibérica de esta ola global ultra es, sin duda, la más cutre y la más mediocre. Al final habrá que darle las gracias a Trump porque, gracias a su verborrea y a sus constantes cretinadas, está dejando en evidencia a estos supuestos defensores de la nación que, efectivamente, han escogido ser cobardes antes que españoles.

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