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Sin certezas

Las aplicaciones que se dedican a juntar personas han incorporado la IA: antes de dar ningún paso, te informan del porcentaje de satisfacción mutua que tendrás con alguien

La IA hace más creíbles y masivas las estafas románticas: "Crees que hablas con el amor de tu vida y es una mafia"

Un joven, utilizando una aplicación para citas, en Barcelona.

Un joven, utilizando una aplicación para citas, en Barcelona. / JORDI OTIX

Encajar sentimentalmente con alguien es muy difícil. Es decir: la posibilidad de establecer un nivel de complicidad suficientemente alto con aquella persona de tal modo que permita la posibilidad de mantener una relación estable y duradera. Al parecer, las aplicaciones de citas más conocidas van a la baja: empleamos un exceso de energías en un proceso que suele acabar en frustración. Primero, nos apuntamos a la casa de citas, después miramos las fotos de los demás que se han apuntado y hacemos girar la rueda y nos detenemos en aquellos que, en principio, nos gustan físicamente y con los que pensamos que compartimos gustos, aficiones y odios atávicos. Más tarde, confiamos en el azar y esperamos que uno de los preferidos también se haya detenido en nuestra foto y en nuestras manías. Y quedamos. Y resulta que no es como pensábamos que sería. Y volvemos a girar la rueda.

Esto, al parecer, cansa y desanima. Para evitar estos pasos pesados, las aplicaciones que se dedican a juntar personas han incorporado la IA: antes de dar ningún paso, te informan del porcentaje de satisfacción mutua que tendrás con alguien. Entonces, con más de un 90%, pongamos por caso, ya estás en condiciones de saber qué cara tiene aquél que el artificial destino ha designado como futura pareja. Ni que decir tiene que no siempre funciona, como ocurre en la vida sin aplicaciones, y que la piel es un factor que la IA no tiene necesariamente en cuenta. Además, hay asistentes robotizados especializados en mantener conversaciones con el otro (un otro imaginario) como en un ensayo de la realidad. Esto ocurría en una serie muy divertida ('The Rehearsal', 'Los ensayos') de Nathan Fielder, en la que se montaba todo un decorado falso, con actores preparados, para que el protagonista (un hombre cualquiera) pudiera hacer frente a decisiones o confesiones graves. Antes de asumir el mundo real, ensayaba y delimitaba todas las opciones y posibilidades en un universo ficticio. La confrontación con la realidad podía ser satisfactoria o catastrófica. Como con esto de las citas, pues. Como en la vida sin certezas.

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