
Periodista, escritora y exdiputada en el Parlament
De Pau a Anton
¿Por qué huyen de Catalunya músicos excelentes (¡y excelentes públicos!) que no acaban de encontrar su lugar ni su presupuesto?

Ciclo de Clásica en Horta-Guinardó / Ajuntament de Barcelona - Archivo
Siete de julio. En Pamplona corren encierros, en Catalunya se queman los bosques de tres en tres. Yo tendría que estar en Barcelona de no ser por una emergencia que me ha retenido en Madrid, donde podríamos freír huevos sobre las piedras. Yo quería estar en Barcelona para ir a un concierto. Como no podré estar, me lo imagino.
Me imagino a Anton Serra desenfundando su flauta travesera -forjada en oro, según me dijo- para acometer, con la viola de Ferran Saló y con la batuta de Josep Maria Sauret en la Nova Orquestra de Cambra Germans Pla, un repertorio de Telemann, Vivaldi, Pergolesi, Lehár, Johann Strauss…
Todo ello en la Reial Acadèmia Catalana de Belles Arts de Sant Jordi. Allí vi yo, por primera vez, la espigada fisionomía de Anton Serra. Entonces él no tocaba, programaba. Concretamente, un concierto de Ala Voronkova, la ucraniana que blande el violín como un demonio. Para cualquier que entienda y sufra, un concierto de Ala Voronkova por 15 euros es un lujo. Es un regalo del cielo.
¿Qué pasa con la música clásica en Catalunya? ¿Por qué huyen músicos excelentes (¡y excelentes públicos!) que no acaban de encontrar su lugar ni su presupuesto? Ya sabe mal decir que la oferta de orquestas, auditorios, etc., es menos extensa que en Madrid. Y que el proverbial intervencionismo cultural de nuestras queridas administraciones no va a ninguna parte. En palabras de Anton Serra: “Entre el Liceu, las grandes orquestas y la gente hay un agujero, un eslabón perdido, una continuidad rota, por donde se pierden muchas oportunidades”.
Anton Serra es muy apreciado como músico, pero los que entienden y sufren destacan de él su inmensa tarea de divulgador musical. De enderezador de eslabones perdidos. Fundador de orquestas y de grupos de cámara, director y promotor de no sé cuántos festivales en Catalunya y en Francia desde 1991, ha hecho posible él solo más ciclos de música en parques, en locales de conciertos en vivo, etc., que muchas instituciones. Con cero ayudas públicas, casi siempre.
¿Por qué es importante, esto? Todo el mundo conoce y recuerda a Pau Casals por el 'Cant dels ocells' y por su impecable trayectoria humanista y civil. Pero no sé si todo el mundo tiene claro que uno de las cumbres de esta trayectoria humanista y civil consistía en promover infatigablemente conciertos y orquestas 'obreras', para gente que nunca osaría poner los pies en el Liceu. Trece años tenía Pau Casals cuando, procedente de su Vendrell natal, llegó a Barcelona, donde lo contrataron para tocar en el Café Tost tres horas cada noche, siete noches a la semana, por cuatro pesetas al mes.
Ahora que parece que se tienen que dar tantas explicaciones si no se es suficientemente de izquierdas, yo me pregunto cuánta gente que se considera (de izquierdas), no presta atención a las obligaciones institucionales más elementales que esto supone o tendría que suponer. ¿Qué pasará si, un día, nos quedamos sin Paus y sin Antons? ¿Qué pasará el día que 'El cant dels ocells' no llegue a todo el mundo y no nos damos cuenta que el resto es silencio?
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