
Periodista. Miembro del Comité Editorial de EL PERIÓDICO.
¿Marine Le Pen presidenta?
La candidata de extrema derecha es la política más popular de Francia. Puede ganar las elecciones de 2027. Y, junto a Meloni en Roma, paralizar Europa
Marine Le Pen pasa página de la herencia envenenada de su padre

PI STUDIO
Marine Le Pen (57 años) será la candidata de la Agrupación Nacional, la extrema derecha, en las elecciones presidenciales francesas de la próxima primavera. Y esta vez -tercer intento- las puede ganar, porque todas las encuestas dicen que tanto ella como su segundo, Jordan Bardella (30 años), son de largo los dos políticos más populares de Francia.
Es hija de Jean Marie Le Pen, líder histórico, incombustible y estrafalario de la extrema derecha hasta que, en 2002, logró pasar a la segunda vuelta de las presidenciales (solo lo hacen los dos candidatos con más votos), eliminando por sorpresa al primer ministro socialista, Lionel Jospin, para perder después ante el centro-derecha de Jacques Chirac. Pero aquel día algo se movió. El populismo nacionalista, contrario al sistema, a Europa y a la inmigración, dio un paso al frente.
Tras su dimisión, en 2011, Marine sucedió a su padre en la presidencia del Frente Nacional. Pero no fue una herencia fácil sino una dura batalla que ganó con el 67% de los votos. Más tarde, quedó tercera (17% de los votos) en las presidenciales de 2012 frente a Hollande, el ganador, y Sarkozy, el presidente saliente.
Marine Le Pen es una mujer batalladora, constante y con personalidad. Divorciada dos veces y separada de su tercera pareja, el alcalde de Perpinyà, del FN. En 2015 no dudó en expulsar a su padre, el fundador del partido, que había dicho que las cámaras de gas eran solo una anécdota de la historia. El nuevo FN tenía que liberarse de los residuos del colaboracionismo. En 2017 se calificó para la segunda vuelta, pero perdió (33,9%) ante un Macron que parecía que iba a comerse el mundo. Y aprendió. Por eso, en 2018 cambió el nombre del partido por el de Agrupación Nacional, rebajó su antieuropeísmo, y en 2019 ganó las elecciones europeas, con Jordan Bardella abriendo la lista. Y a Bardella cedió la presidencia del partido en 2021 para presentarse -más suelta- a las presidenciales de 2022 contra Macron.
Volvió a perder, pero ya tuvo el 41,5% de los votos. Y en las legislativas anticipadas de 2024 fue el primer partido de Francia, además del más votado por los obreros.
Ha rebajado el extremismo y el antieuropeísmo del Frente Nacional de su padre. Y la división del centro-derecha y las dudas socialistas podrían darle el triunfo en un duelo final a dos con la extrema izquierda de Mélenchon
Todo le sonreía, pero en 2025 una sentencia la condenó a prisión e inelegibilidad para cargo público, no por corrupción sino por usar los fondos de los eurodiputados para la máquina del partido en Francia. ¿'Lawfare' de los jueces contra la clase política y, más todavía, contra la derecha? Recurrió y el tribunal de apelación de París le ha rebajado la pena. Podrá presentarse a las elecciones, pero durante un año tendrá que llevar una infamante pulsera de control para evitar entrar en prisión. Le Pen ha recurrido al Tribunal de Casación y espera que lo de la pulsera se suspenda. Luchará a muerte por su última oportunidad y sabe que siempre podrá ser relevada por Bardella.
Su ventaja es que los candidatos de centro-derecha y de la izquierda moderada están muy divididos y, si se reparten mucho sus votos, en un duelo final Le Pen-Mélenchon (extrema izquierda) Marine podría barrer. ¿Se unirá el centro-derecha bajo el moderado Edouard Philippe, antiguo primer ministro de Macron? ¿Encontrarán los socialistas un candidato único que pueda atraer los votos de centro en la segunda vuelta? No es nada seguro, aunque aún queda algo de tiempo.
El problema para Francia es que la victoria de Marine Le Pen partiría más a un país que se siente en decadencia. Que la prioridad nacional y la repatriación de inmigrantes que propugna abriría la puerta a lo desconocido, y que una política económica errática -apoya muchas reivindicaciones sociales (por ejemplo, la jubilación a los 62 años), pero también exigencias empresariales- podría llevar a que Francia, con una prima de riesgo superior incluso a Grecia, tuviera que recurrir a la ayuda del FMI. Lo ha dicho Alain Minc, el solvente economista liberal.
¿Y Europa? Cierto Marine -y Meloni- ya ni hablan de salir del euro, pero su nacionalismo hace que no quieran nada de 'más Europa'. Y, sin ello, la UE será cada día más irrelevante en un mundo dominado por América y China. Y ante una Alemania sola, Meloni en Roma y Marine Le Pen en París, podrían paralizar las instituciones europeas. Sería una peligrosa y quizás irreversible marcha atrás.
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