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Opinión | Peajes
Sílvia Cóppulo

Sílvia Cóppulo

Periodista y psicóloga.

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La factura AP-7

La congestión de la vía es la consecuencia directa de un déficit de infraestructuras que Catalunya arrastra desde hace décadas

Junts acusa al Govern de querer "vaciar los bolsillos de los catalanes" al querer recuperar los peajes en la AP-7

La AP-7, en una foto de archivo.

La AP-7, en una foto de archivo. / Marc Martí / DDG

El gran debate nacional es si debemos volver a pagar por circular por la AP-7. Como si el problema fuera que los catalanes lleváramos cinco años sin pasar por caja. Como si la saturación de la autopista hubiera aparecido de la nada. Como si no hubiera responsables.

Que la AP-7 está colapsada es una evidencia. Desde la desaparición de los peajes, el tráfico ha aumentado casi un 50% en algunos tramos y soporta más de 20.000 camiones diarios. El RACC recuerda que es necesario que el Ministerio lleve a cabo las obras de ampliación comprometidas en el Penedès y el Vallès, así como la construcción de nuevos enlaces. La vía está al límite.

El presidente Salvador Illa dice que quizá se cometió un error al eliminar los peajes. El secretario de Movilitat, Manel Nadal, defiende que un nuevo sistema de pago ayudaría a financiar el mantenimiento y a gestionar la movilidad. Y añade que debería aplicarse a todas las autopistas del Estado. ¿Alguien se imagina a los conductores de Madrid pagando por circular por sus autopistas con la misma naturalidad con la que se plantea en Catalunya?

La congestión de la AP-7 es la consecuencia directa de un déficit de infraestructuras que Catalunya arrastra desde hace décadas. ¿Por qué el Estado solo ejecutó el 45% de las inversiones presupuestadas en Cataluna en 2023, mientras que en Madrid la ejecución se situó en el 211% ,según datos de la Intervención General de la Administración del Estado (IGAE)? ¿Por qué Rodalies sigue siendo una sucesión de retrasos, incidencias y averías? ¿Y por qué el Corredor Mediterráneo sigue acumulando décadas de promesas?

En Europa, hablar de mercancías es hablar de trenes. Aquí, de camiones. En España, solo el 4,3% de mercancías se transporta por ferrocarril, muy lejos de la media europea, que ronda el 17%. El resultado es visible cada día en la AP-7. Y aún existe otra anomalía. Barcelona y València, la segunda y tercera ciudades del Estado, siguen sin estar conectadas por una auténtica alta velocidad. En Francia, Marsella y Lyon están unidas por tren rápido. En Italia, Milán y Nápoles. En Alemania, Hamburgo y Múnich.

La comparación con Madrid resulta todavía más irritante. Cuando las autopistas radiales madrileñas fracasaron porque prácticamente nadie las utilizaba, el Estado las rescató con dinero público. Cuando el problema está en Catalunya, la solución es que pague el usuario.

Ciertamente, hay otra cuestión que abordar. Cuando nosotros llegamos a Francia, pagamos por utilizar sus autopistas. En cambio, los vehículos que entran desde el país vecino circulan gratuitamente por nuestras vías. La tecnología ofrece soluciones. Portugal utiliza pórticos que leen la matrícula y calculan automáticamente el importe a pagar. Es decir, si se quiere gravar el tráfico de largo recorrido, puede hacerse sin volver a cargar el coste sobre los de siempre. Y no olvidemos que, cuando los peajes de la AP-7 desaparecieron en 2021, llevaban más de cincuenta años cobrándose. Aquellas autopistas estaban más que amortizadas. Por eso indigna este debate. Porque el problema no es que los catalanes no paguemos lo suficiente. El problema es que llevamos demasiados años pagando demasiados impuestos y peajes, con infraestructuras que no llegan.

Por favor, cumplan las inversiones comprometidas. Hagan funcionar Rodalies. Terminen el Corredor Mediterráneo. Acerquen Catalunya a los estándares europeos. Pero no intenten hacernos creer que la AP-7 es la causa del problema, cuando desde hace años es la víctima más visible de un fracaso mucho mayor.

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