
Secretaria general de ERC y presidenta del Grupo Municipal de Esquerra en el Ayuntamiento de Barcelona.
Una ciudad, dos veranos
Todos los niños tienen derecho a disfrutar, jugar y relacionarse también cuando se acaba el curso, independientemente de si los padres pueden dedicar su paga doble

Niños haciendo actividades en el casal de verano.
Todo el mundo tiene un momento de verano que ha marcado su infancia. Un verano que, quizás, no pareció nada extraordinario, pero que con el tiempo ha quedado fijado en la memoria por algún momento vivido. En nuestro país, el verano siempre ha sido mucho más que una estación del año; es tiempo de bochorno, de mar y de montaña, de entoldados en plazas, de tardes largas con nuevas amistades y, también, de primeros amores. Un tiempo de aprendizajes, aunque sean sin pizarra, ni libros. En 'Estiu 1993', Carla Simón lo narró con una sensibilidad enorme. Su película no habla de un verano perfecto, pero sí que lo hace de un verano complejo en el cual hay luto, nuevos vínculos y la historia de cómo nos tenemos que recomponer. Más allá de la singularidad de la historia, nos muestra que el verano puede ser decisivo en la vida de un niño.
Ahora bien, en una ciudad como Barcelona, el verano no llega del mismo modo a todas las casas. Para algunas familias es una promesa de viajes y descanso. Para muchas otras, es un rompecabezas de calendario y nuevos gastos. Las vacaciones escolares duran cerca de doce semanas y, en el mejor de los casos, los adultos tenemos un mes de vacaciones laborales. ¿Cómo nos lo hacemos? Aquí aparecen los 'casals' de verano como una cuestión de extrema necesidad, más que como una simple opción. Los 'casals' son espacio de juego y socialización, ocupan el rol que juega la escuela y el espacio de mediodía durante el curso. Ahora bien: parece que, cuando llega el verano, las instituciones se desentienden y ya no existe corresponsabilidad pública hacia la infancia.
Una semana de casal puede costar unos 600 euros en el mes. Y cuando hay más de un hijo, los números se disparan. Y esto hace que el verano acabe dividiendo nuestra infancia: hay quien puede continuar jugando y aprendiendo; y hay otros que quedan fuera del goce del verano, que pasarán semanas enteras en casa. Niños sin actividades, a menudo solos, mientras los padres trabajan. La misma ciudad, pero dos veranos completamente diferentes. Por eso, en el último pleno del Ayuntamiento conseguimos aprobar que se establezca una bonificación universal para los 'casals' de verano. La propuesta de Esquerra Republicana es clara: que todos los niños y adolescentes empadronados en Barcelona puedan contar, a partir de 2027, con una bonificación de hasta 350 euros por niño, que supone aproximadamente el 50% del coste de los 'casals'.
Las ayudas actuales por tramos de renta se mantendrían para las familias con menos recursos de forma que, aquellos que más lo necesitan, sumarían la nueva bonificación universal, mientras que las familias de renta media, a menudo excluidas del sistema, también recibirían, por fin, un apoyo directo. Queremos hacer 'universal' el verano, para que el verano no dependa de la nómina de los padres. Universal porque todos los niños tienen derecho a disfrutar, jugar y relacionarse también cuando se acaba el curso, independientemente de si los padres pueden dedicar su paga doble de verano.
Una ayuda universal, también, en otro sentido y me explico: Barcelona es una de las grandes ciudades turísticas de Europa. Cada verano, millones de personas vienen a disfrutarla. Nuestras calles, playas y clima forman parte de una experiencia de verano que ofrecemos al mundo. Dicho esto, no podemos pensar el verano de Barcelona solo para quien nos visita. Por eso, esta nueva política lo tenemos que pagar con 1 euro del recargo turístico, y los 20 millones de euros extra que recibiremos el próximo año. Para gobernar el turismo y garantizar que tenga un retorno social.
En 'Estiu1993', una niña empezaba a recomponer su mundo de la mano de su familia. En la Barcelona de hoy, el reto es más colectivo: conseguir que el verano sea un derecho compartido; y no un privilegio, un rompecabezas o un quebradero de cabeza que hace saltar por los aires la economía familiar, en un contexto de subida de precios que dificulta llegar a final de mes. El Estado del bienestar se construyó sobre una idea sencilla: que hay cosas que no se compran ni se merecen, sino que se garantizan. La educación, la salud, la protección de la infancia. A partir de ahora, el verano de un niño puede llegar a ser una.
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