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Opinión | Debate público
Carles Francino

Carles Francino

Periodista

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El volcán España

Escuchar a herederos entusiastas del franquismo aludir a golpe de Estado en diferido cuando hablan del voto por correo, debería ser la última señal de alarma antes de poner pie en pared

Vox insiste en sembrar dudas sobre el voto por correo y plantea diferenciarlo del voto en urna para evitar "fraudes"

Abascal a Sánchez: "Las cucarachas le ganan en resiliencia y eso no las hace admirables"

LUCÍA FEIJOO VIERA / FOTO: JOSÉ LUIS ROCA

Hace días que la tierra tiembla en Tenerife. Nada extraño para una isla volcánica con actividad sísmica recurrente, que se ha acelerado en las últimas semanas con decenas de microterremotos. Es verdad que el Teide dio su último susto hace ya más de un siglo, pero nunca se sabe. De hecho, Protección Civil ha recibido alertas del Instituto Geográfico Nacional, incluso ensayó meses atrás un simulacro de emergencia, aunque los sismólogos aseguran que no existe peligro de erupción. Sea como sea, el runrún entre los vecinos no cesa, acrecentado, además, por la inesperada tragedia de Venezuela y por el recuerdo de lo que ocurrió hace cinco años con el volcán de La Palma. Es curioso que ni los terremotos ni las erupciones volcánicas puedan predecirse con exactitud, a pesar de los notabilísimos avances científicos que permiten monitorizar el terreno. Pero eso sí: transmiten señales que no deben ser ignoradas.

Y todo eso me parece una interesante analogía de lo que está ocurriendo en España desde hace tiempo. Al volcán principal le pusimos el nombre de polarización, pero existen otros de los que expulsan lava que amenaza con arrasarlo todo. Está el volcán del odio, el de la corrupción, el de la deslealtad institucional, el del sectarismo, el de la desigualdad, el del racismo...y en el interior de todos ellos se va formando un magma de insultos, amenazas, afrentas y bulos que eleva la temperatura a niveles más que amenazantes. Considerar al gobierno, ilegítimo desde el minuto cero, o calificar de hijo de puta al presidente de ese gobierno no parecen las mejores medidas para enfriar el ambiente. Hay más ejemplos, claro, pero algunos resultan especialmente llamativos. Y la ofensiva de la (ultra)derecha para embarrar el sistema electoral, sembrando dudas sobre su limpieza, entra dentro de esa categoría. Escuchar a herederos entusiastas del franquismo aludir a golpe de Estado en diferido cuando hablan del voto por correo, debería ser la última señal de alarma antes de poner pie en pared. Porque nadie sabe cuándo será exactamente la erupción, pero no parece lejos.

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