Saltar al contenido principalSaltar al pie de página
Opinión | 'THE OTHER CLUB'
Albert Sáez

Albert Sáez

Presidente del Comité Editorial de EL PERIÓDICO

Por qué confiar en El Periódico Por qué confiar en El Periódico Por qué confiar en El Periódico

Salvador Illa consolida su liderazgo con la aprobación de presupuestos y un Govern "de tothom"

ARTICLE PRESIDENT DEL COMITÉ EDITORIAL

ARTICLE PRESIDENT DEL COMITÉ EDITORIAL / ChatGPT

El president Salvador Illa ha logrado esta semana aprobar sus primeros presupuestos con los votos de Esquerra y Comuns. Además, ha conseguido que los grupos de la oposición que podrían hacerlo, no los lleven al Consell de Garanties. Nada que ver con el potaje madrileño. Por ninguna de las partes, pero lógicamente el clima político es en buena medida resultado de quien, según el Estatut, marca la orientación política general. En la mente hiperracional del president, la aprobación de los presupuestos marca un punto de inflexión, justo en el ecuador de la legislatura. Hasta ahora todo estaba supeditado a este hito, especialmente sus relaciones con Esquerra y Comuns, pero de alguna manera también con los mundos de Junts y de PP. Conseguido el objetivo, es el momento de hacer balance y orientar los dos próximos años.

El éxito del ‘Govern de tothom’

Los lemas publicitarios pueden ser una impostura o una síntesis. El que ha utilizado el Govern de Illa ha resultado ser lo segundo. Casi todo lo que ha hecho en estos dos años cabe bajo el lema «el Govern de tothom». Y fijémonos en la sutileza, porque no ha sido «el Govern per a tothom» que es una mera obligación constitucional. Ha sido una voluntad política de que este gobierno todo el mundo se lo sintiera como propio, mujeres y hombres, independentistas y no independentistas, sindicatos y patronales, jóvenes y mayores, municipios metropolitanos y rurales, emprendedores y grandes empresas, católicos o fieles de otras confesiones. Esta ausencia de sectarismo ha acelerado y culminado lo que inició Pere Aragonès cuando sustituyó a Quim Torra que quiso ser el presidente solo de los catalanes que eran y pensaban como él, los que consideran que la mitad de la población somos colonos si no bebemos ratafía. Hay que recordar de donde venimos para valorar donde estamos. En los dos años de Illa, Catalunya ha vuelto a ser un lugar habitable para todos, también para León XIV o los corredores del Tour. El ritmo de inversiones que se ha conseguido, el buen comportamiento de la ocupación, la llegada de grandes acontecimientos internacionales o el regreso a la vida institucional española son otros indicadores de lo que ha significado este gobierno de todos que incluye el para todos pero también alguna cosa más que cuesta de llevar a los titulares o a TikTok, pero que crea la atmósfera en la que ocurre todo lo demás en el sentir de los ciudadanos.

La vivienda y lo demás

Cuando al president Illa se le pregunta por el principal problema de los catalanes, la vivienda, siempre responde que prefiere equivocarse a no hacer nada. Y ciertamente así lo ha hecho desplegando un paquete de iniciativas que superan los muros de la polarización: desde promover límites a los precios de los alquileres hasta agilizar la programación urbanística para acelerar las promociones públicas y privadas. Este impulso implica hacer lo que no se ha hecho en los últimos diez años pensando en los próximos diez años. Y es el mismo que ha aplicado a muchos otros ámbitos de gobierno: educación, sanidad, seguridad, reforma de la administración pública, trenes, aeropuerto, cuarto cinturón, energía, servicios sociales o financiación autonómica. Como le recuerdan sus asesores, corre el riesgo de llegar a las elecciones con todas las calles levantadas y sin presidir ninguna inauguración. Es decir que la mirada larga, tan propia de su personalidad política, debe acompasarla con los ciclos electorales ya que el juicio decisivo no es el de la historia sino el de las urnas. Por eso es tan importante la aprobación de estos presupuestos porque le convierten en dueño del tempo político. Y por eso también es importante que la mayoría parlamentaria que los ha sustentado sea la misma que aprobó los de Aragonès en el 2023, porque quiere decir que hay unas líneas políticas generales que tienen un mínimo consenso con acentos evidentemente diferentes, pero que se sustentan en el respeto a las reglas democráticas, el europeísmo y la defensa de la necesidad de que toda prosperidad sea compartida.

El reto de diferenciarse

Fijado este marco, el reto en los dos próximos años es que los ciudadanos, y especialmente los votantes socialistas, perciban en qué se dierencia una Catalunya gobernada por Illa de la que ambicionaría otro presidente. Y eso puede pasar por dotar de mayor personalidad a los consellers, medir el grado de empatía con ciertas cosas que pasan en el gobierno de Sánchez y como se dice en catalán «trencar alguns ous» para hacer una tortilla. Como escribió Júlia Regué, es hora de «emanciparse», incluso un poco de sí mismo, sin dejar de ser Salvador Illa.

Suscríbete para seguir leyendo