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Opinión | La Calle Nueva
Juan Cruz Ruiz

Juan Cruz Ruiz

Periodista y escritor

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La mezquindad patriótica

Esa campaña trata de desvirtuar el pasado de quienes quieren seguir siendo españoles como sus padres o como sus abuelos, y han inventado un nuevo concepto de la patria: la patria es ellos

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El presidente de Vox, Santiago Abascal (c), y el secretario general de Vox, Ignacio Garriga (d), durante la Asamblea Ordinaria de Vox 2026, el auditorio Mutua Madrileña, a 27 de junio de 2026, en Madrid (España).

El presidente de Vox, Santiago Abascal (c), y el secretario general de Vox, Ignacio Garriga (d), durante la Asamblea Ordinaria de Vox 2026, el auditorio Mutua Madrileña, a 27 de junio de 2026, en Madrid (España). / Alejandro Martínez Vélez - Europa Press

“Patria, palabra horrible, como semáforo o ascensor”. Es probable que no sea de Pablo Neruda esta frase que se le atribuye, y la verdad es que no se lo pregunté cuando hace muchos años, en 1970, pasó por Tenerife, para asistir en Chile a la campaña a favor de Salvador Allende.

Allende fue luego ungido para servir como presidente de su país, y ya se sabe lo que hicieron Estados Unidos y los que, en Chile y en el mundo, quisieron que aquel hombre no llegara jamás al final de su mandato. Al asesinato de Allende, por cierto, siguió la triste muerte del propio Neruda, muerto de pronto de una enfermedad que le hubiera durado años pero que (probablemente) fue acelerada por quienes no quisieron que siguiera con vida y en su país.

Su patria, pues, esa palabra horrible como semáforo o ascensor, acabó con él, y Chile… Ya se sabe lo que pasó con Chile. Pasó lo que le pasó a la historia de este país, de tantos. En nuestro caso, en el caso de España, este país vivió la guerra y vivió luego las consecuencias del largo exilio. Miles, cientos de miles de españoles, se fueron, jóvenes, mayores, ancianos, poetas, profesores, trabajadores, periodistas, gentes de toda laya y de las más diversas procedencias, se recriaron en los países (México, sobre todo) que les dieron cobijo. Los que pudieron hacerlo todavía se hicieron parte de las escuelas y de las universidades y otros, que ya iban aprendidos, hicieron su propia historia.

España fue un país de países… en México; la mezcla, naturalmente, fue fructífera, y lo es hasta hoy, porque los descendientes, los innumerables descendientes, se reprodujeron y se hicieron ellos mismos parte de la nueva patria. Pero no se puede decir, eso es así, que dejaran por nada del mundo lo que los hizo, lo que los añadió a la tierra patria cuando esta ya fue libre de Franco y de sus leyes y de su maldad infinita, que siguió matando hasta cuando ya no pudo valerse por sí solo y fue ayudado a matar hasta el último instante.

Ese país, España, es ahora otra España, naturalmente, en la que vivimos, por ejemplo, los que vivimos la posguerra, pero también, como es natural, los que siguieron siendo lo que siguieron siendo parte callada de la dictadura: nostálgicos de Franco, por ejemplo, pero también de los que poco a poco se fueron pareciendo a Franco.

Ahora estos que se siguen pareciendo a Franco están inventándolo en las distintas zonas en las que imponen su maldad y también su peligro. Aquellos que viven en México, en Venezuela o en Chile, por citar aquí, otra vez, al Neruda que vivió aquí el albor terrible de la guerra que nacía, son españoles como este que está escribiendo aquí la palabra españoles.

Estos españoles que no quieren que la diáspora también sea española están ahora buscando que los españoles que se llaman así porque son descendientes de los españoles que se fueron dejen de sentirse de esta patria. De lo que se trata, dice Vox, por ejemplo, y no tan solo, es que se le rompa la posibilidad de que tengan lo que fue de sus padres o de sus abuelos, de los antepasados que jamás dejaron de ser patriotas de España y, por tantos, amantes del futuro que les pertenece.

Este es un tiempo difícil, en España, en Europa, en el mundo. En el caso particular de este país, que sufrió aquella guerra y que seguro que no quiere otra, los que consideran que la patria es de ellos, y no de los que heredaron a los que se fueron, están lanzando una campaña ruin. Esa campaña trata de desvirtuar el pasado de quienes quieren seguir siendo españoles como sus padres o como sus abuelos, y han inventado un nuevo concepto de la patria: la patria es ellos, los que se fueron ya no tienen por qué tener descendientes.

La mezquindad patriótica que exhiben es consecuencia de esa asunción falsamente patriótica con la que quieren mirar atrás a Franco para decirle al que viene ahora, al joven, al muchacho, al niño, que esta es una tierra que solo a ellos les pertenece. Un día saldrán a la calle (ya lo hacen) para decir que la patria es suya; lo dirán, quizá, desde el lugar en el que se sitúan los ganadores de las elecciones, serán aupados por quienes se han apresurado a decir que, en efecto, los que se fueron (sus descendientes, los que representan el pasado) ya no tienen nada que decir entre nosotros.

Patria: palabra horrible como semáforo o ascensor.

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