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Opinión | Apunte

Xavi Paz (alcalde de Molins de Rei)

El día que pasó el Tour

Dentro de unos años, pocos recordarán quién ganó la edición del Tour que empezó ayer en Barcelona. En cambio, miles de vecinas y vecinos conservarán un recuerdo mucho más vivo: el lugar exacto de su calle, pueblo, villa o ciudad desde el que vieron pasar la carrera.

Aficionados en el Fan Park del Tour de Francia en Barcelona.

Aficionados en el Fan Park del Tour de Francia en Barcelona. / Zowy Voeten / EPC

Recordarán la espera, el sonido de los helicópteros anunciando la llegada del pelotón, la ilusión del paso de la caravana publicitaria y, sobre todo, la emoción de ver aparecer ante sus ojos a unos ciclistas que desprenden épica y generan una gran admiración. 

Apenas unos segundos bastan para que el Tour atraviese una localidad, pero ese instante concentra meses de preparación y una emoción difícil de explicar para quienes amamos este deporte. Esa es la verdadera dimensión del Tour. Mucho más que una competición deportiva, es un acontecimiento capaz de movilizar territorios enteros y de generar recuerdos que perduran durante décadas. 

Una carrera excepcional

Para entender por qué el Tour es excepcional hay que recordar que su repercusión está muy por encima de cualquier otra prueba ciclista. Los estudiosos del tema la relacionan con las primeras vacaciones remuneradas que consiguió el pueblo francés en los años 30, ya que la coincidencia de aquel período de descanso laboral con las ediciones de la carrera multiplicó su seguimiento y su popularidad. 

Pero el Tour también es excepcional porque se desarrolla en un deporte único. El ciclismo guarda las grandes gestas en calles, carreteras y puertos que, en el día a día, comparten infinidad de ciudadanos. Es el deporte en el que el aficionado del domingo puede recorrer los mismos escenarios que los grandes esforzados de la ruta. Un deporte cercano, accesible y profundamente vinculado al territorio. El gran deporte democrático por excelencia. 

Un momento excepcional

El Tour parte este año de Barcelona para vivir un momento excepcional. Algunos recordarán las gestas de Eddy Merckx o Bernard Hinault. Muchos otros nos adentramos en este fantástico deporte de la mano de Pedro Delgado y Miguel Indurain. Los más recientes evocarán las victorias de Alberto Contador o Chris Froome. De hecho, todos estos nombres han estado presentes en numerosas conversaciones cotidianas durante los últimos meses en mi municipio, Molins de Rei, y estoy seguro de que escenas similares se han repetido en muchas de las localidades por los que pasará la carrera. 

Este gran inicio, que ha vuelto a situar a Barcelona y a la Sagrada Familia en el escaparate mundial, es posible gracias al esfuerzo del Ayuntamiento de Barcelona, las diputaciones de Barcelona, Tarragona y Girona y el Govern de la Generalitat. Una vez más, demuestra que cuando las instituciones avanzan en una misma dirección los resultados alcanzan una dimensión extraordinaria. Gracias a ese compromiso, el Tour también ha llegado a nuestros municipios, que se han volcado en la celebración mediante actividades vinculadas al deporte, al ciclismo y a la historia de una prueba que ha acompañado a generaciones enteras. Para muchos pueblos y ciudades supone además una oportunidad para proyectar su identidad, reforzar su orgullo colectivo y mostrar al mundo aquello que les hace únicos. 

Invito a todo el mundo a salir a la calle estos días y a disfrutar de un momento que difícilmente se repetirá. El Tour pasa en unos segundos, pero los recuerdos que deja en nuestros municipios permanecerán toda una vida.

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