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Opinión | Clásicos vivos

Agnès Marquès

Agnès Marquès

Periodista

Sólo querer volver

La nueva traducción al catalán y la próxima adaptación cinematográfica reavivan un clásico que sigue interpelando al lector contemporáneo

Un lector leyendo un libro.

Un lector leyendo un libro. / Germán Caballero

Si sois lectores, seguro que recordáis aquel libro que un día prestasteis y que nunca os devolvieron. Quizá no era un libro, sino un disco, un juego de la Play o un vestido. Lo que sea. Los humanos estamos hechos también de esas pequeñas pérdidas, y yo no olvido el día en que perdí el ejemplar de 'La Odisea' que había leído con fervor a mis ávidos diecisiete años.

No lo olvido, y forma parte de una de las anécdotas con la amiga que me convenció para que se lo dejara, aun sabiendo que: 1) no se lo leería; 2) lo perdería. Pasaron las dos cosas y, veinte años después, aún recuerdo el "libro de libros" que compré después para llevar un registro de los libros que dejaba a mis amigas. Cada uno tiene sus cosas.

Ahora 'La Odisea' vuelve en catalán, con una nueva traducción de Pau Sabaté que vale mucho la pena, y volverá en forma de gran película de Hollywood. Ulises siempre está volviendo, desde hace casi tres mil años, porque no hemos cambiado tanto. Hemos inventado los aviones, el GPS, los móviles y la posibilidad de decir "llego en cinco minutos" cuando todavía estamos lejísimos, pero seguimos perdidos de maneras muy antiguas.

En 'La Odisea' está todo. Está el deseo de volver y el miedo a no saber adónde. Está el amor, la espera, la tentación, la violencia, el orgullo, la nostalgia, la mentira, la inteligencia, la venganza y el cansancio. Y una casa que, de tanto imaginarla, quizá ya no existe como antes.

Ulises quiere volver a Ítaca, pero la gran trampa del regreso es que nadie vuelve igual. Todos hemos querido volver alguna vez a un lugar, a una idea, que ya no existe: una casa, una persona, una ciudad, la versión de nosotros mismos que dejamos atrás sin darnos cuenta.

Los clásicos sobreviven porque nos recuerdan que muchos otros, antes que nosotros, vivieron, amaron, sufrieron y murieron de una manera que todavía reconocemos. Y es maravilloso sentirse tan vivamente unida a aquellos seres de hace tres mil años que no sabían lo que vendría, como dentro de muchos años nos leerá a nosotros quién sabe qué tipo de Ulises, que espero que no haya perdido la capacidad de conmoverse con nuestras luchas cotidianas por retener y conservar todo aquello que tanto amamos; el lugar y el amor a los que queremos volver.

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