
Periodista. Miembro del Comité Editorial de EL PERIÓDICO.
¿Por qué Illa tiene presupuestos?
El president sabe que dar estabilidad al país, gobernando sin mayoría, exige el pacto como método. Y, como dice el refrán catalán, "no estirar el brazo más que la manga"
Illa logra los presupuestos y prepara su 'emancipación'

El presidente de la Generalitat de Catalunya, Salvador Illa, durante el acto oficial de ingreso del fondo documental de Convergència Democràtica de Catalunya (CDC) al Arxiu Nacional de Catalunya (ANC), / David Zorrakino - Europa Press
El pasado domingo escribí que los políticos españoles tienen tendencia a actuar como menores de edad. Pretenden más de lo que la fuerza de sus diputados puede lograr y, como eso no es posible, se irritan y bloquean. Sánchez ya no tiene mayoría suficiente para gobernar con normalidad, pero insiste en hacerlo. Y no sabe rectificar, como acabamos de ver en Andalucía. Y Feijóo acusa al Gobierno de todos los males, exige cada día su dimisión -Tellado incluso dice que deben salir de La Moncloa con los brazos en alto-, pero no tiene los apoyos necesarios para presentar y ganar la moción de censura que exige la Constitución. Se enfada.
Salvador Illa -se ha confirmado esta semana- es una excepción. Fue a las elecciones catalanas de mayo de 2024 afirmando que el PSC quería volver a gobernar y que, sin recriminaciones, había que pasar página del 'procés'. Y ganó con claridad -ocho diputados más que Junts- pero sin mayoría absoluta (42 escaños sobre 135). Para ser investido había que negociar. Muchos creían que un pacto entre los constitucionalistas del PSC y los independentistas de ERC, que además estaban rebotados -incluso con Junqueras- por la pérdida de la Generalitat, sería imposible. Pero negociando con cesiones mutuas, cuatro meses después lo hubo. Y, además, sumando a los Comuns.
Desde entonces, Illa ha gobernado admitiendo la realidad. Tiene solo 42 diputados y debe pactar cada día con ERC y los Comuns. Mantener el timón, pero negociando con los socios de investidura. Porque, además, para Junts, el segundo partido catalán, la prioridad es la aplicación de la ley de amnistía -votada por las Cortes españolas pero frenada en el Supremo- y mientras la amnistía no llegue (¿octubre?) -que Oriol Junqueras también necesita para poder ir a elecciones-, la política catalana no podrá estar totalmente normalizada. El segundo y el tercer partido de un país no pueden tener a sus líderes en el exilio o inhabilitados.
Pese a todo, Catalunya se ha 'desinflamado' y la situación en la calle, en el Parlament y en las relaciones con el Estado (no solo el rey) tienen poco que ver con las de hace muy poco tiempo. Y se ha avanzado porque Illa sabe que gobernar no implica avasallar y que ni debe ni puede minusvalorar a las otras fuerzas políticas. Y ha convencido a mucha gente, incluso independentista, de que el progreso de Catalunya pasa ahora por la negociación -todo lo difícil que se quiera- con Madrid. Y ERC ha entendido que quizás ahora haya una oportunidad.
Sacar adelante los presupuestos de 2027 ha costado largas negociaciones con ERC. E incluso saber 'tragar' un fracaso para luego volver a negociar y pactar
En el PSC hay muchos reproches a Illa. Unos por el exceso de consideración -mayor que la que tuvo su partido cuando le privó de todos sus honores- con el president Pujol. Pero Pujol no ganó y gobernó 23 años sin saber sintonizar con el país. Y Junts viene de CDC y sería bueno que recuperara su realismo. Otros hablan -sin razón- de la asunción de tesis nacionalistas, cuando se pacta con ERC. Y también por las cesiones a los Comuns que, aparte de reclamar más justicia social, tienden a demonizar el mercado. Y sin mercado no hay progreso. Pero gobernar sin mayoría y con pactos exige saber convivir con lo que el país ha votado.
Illa quiere gobernar y mantener el timón, pero sabe que para lograrlo debe negociar y pactar. Y que como dice el refrán catalán, no debe “estirar més el braç que la màniga” (no hay que estirar más el brazo que la manga). No se debe vivir -en este caso, hacer política- por encima de las posibilidades. Por eso 'tragó' que ERC no le votara en marzo los presupuestos, los volvió a negociar, y el jueves los aprobó. El 'modus operandi' conciliador de Illa parece dar más resultado que el exclusivismo dogmático de la capital de España.
Illa exagera cuando dice que hoy Catalunya es sinónimo de estabilidad. Pero es verdad que la situación -apoyada por la marcha de la economía y el diálogo con las entidades empresariales y los sindicatos- es mucho mejor que la de hace unos pocos años, o que la crispación impenitente de Madrid. O incluso la continua inestabilidad del Londres postBrexit, o del París en el declive de Macron.
Saber gobernar admitiendo los propios límites, sin dar lecciones desde los medios públicos, y sabiendo ceder y pactar está dando frutos. ¿Catalunya vuelve a ser un país pactista?
Suscríbete para seguir leyendo
- Sandra y José, padres de 4 hijos, sobre su vida en el bosque: 'Nuestros hijos no van a la escuela, sino que los educamos en casa
- Una reportera de 'D Corazón' sufre para frenar a la abuela de Lamine Yamal por saltarse las normas de TVE
- La cadena holandesa Zeeman echa marcha atrás en España: anuncia un ERE y el cierre de 13 tiendas
- Yolanda Díaz claudica del liderazgo de Sumar en el Gobierno y se vuelca en su búsqueda de apoyos para la OIT
- El juez Peinado está haciendo méritos para pasarse a la política
- Podría ser el emprendedor más joven de la historia: monta un negocio de venta de huevos con solo 6 años
- Llegan las lluvias a Catalunya en una leve tregua de calor: apunta a ser el verano más cálido desde 1950
- Federico (94 años), último habitante de una aldea asturiana: 'Aconsejo a los jóvenes que se adapten a una vida normal en la montaña y que se dejen de tanta ciudad