Un Estado despreciable

La portavoz del Gobierno, Elma Saiz, en una rueda de prensa tras el Consejo de Ministros / MARTA FERNÁNDEZ JARA - EUROPA PRESS
Recién acaba junio. Pero antes de que puedas disfrutar del verano la Agencia Tributaria te hace una visita y te acorta tus posibilidades de gasto. No vaya usted a pensar que podría descansar demasiado con el fruto de su trabajo. No se crea usted que trabaja para vivir mejor. Recuerde que Hacienda somos todos.
Esta es al menos la sensación que todos tenemos con los impuestos: dependiendo de los ingresos de cada uno, trabajamos entre 5 y 8 meses del año para el Estado. Los libertarios aprovechan esta sensación para identificar los impuestos con los trabajos forzados: todo lo que no sea trabajar para generarme beneficios económicos a mí mismo, piensan, son formas refinadas de esclavitud.
La verdad es que yo me he sentido así al ver lo que me ha salido a pagar a la Agencia Tributaria. La mordida ha sido dolorosa. Pero esta sensación de esclavitud se ha agrandado cuando he conocido la fechoría que planea el Gobierno. No, no hablo ahora de la corrupción que nos levanta la piel a todos. Hablo de la reforma que planea a escondidas con un borrador deplorable de reforma de las ayudas CUME.
La gran mayoría de ustedes no sabrá en qué consiste y ahí reside la bajeza del Estado. Se trata de la ayuda con la que nuestros impuestos evitan que miles de familias se hundan. Se trata del subsidio que prestamos con nuestro dinero a aquellas familias que tienen en su seno niños enfermos, especialmente cuando se trata de enfermedades muy graves.
CUME es la prestación de la Seguridad Social por cuidado de menores afectados por cáncer u otras enfermedades graves. Su objetivo es compensar la pérdida de ingresos de los padres que necesitan reducir su jornada laboral para atender de forma directa, continua y permanente a un menor con una enfermedad grave.
Son enfermedades tan graves y continuas que exigen todo personalmente de sus padres. Son cuidados que exigen que las familias no estén tan disponibles cumplir con sus obligaciones laborales.
El esfuerzo que hacen es inmenso. Económicamente, pero también en el plano afectivo y psicológico. Conozco personalmente a alguna de estas familias. Y esta vergonzosa reforma pretende impedir o recortar el acceso para más de 18.000 familias.
Con mucho gusto pago mis impuestos para ayudar a estas familias. A las que conozco pero más aún a las que no conozco y me encantaría ayudar. Sólo espero del Estado la mínima decencia de encauzarlos correctamente para que llegue a quien lo necesita. Cualquier recorte en este sentido es repugnante. Como es abyecta la manera de proceder de Elma Saiz Delgado, la Ministra de Inclusión, Seguridad Social y Migraciones, que esconde este terrible desamparo en triquiñuelas burocráticas. No hay un Estado más despreciable que aquel que abandona a un niño enfermo, y este es el bochornoso Estado que el Gobierno pretende construir con esta reforma. Esta es la deplorable nación que quiere que seamos.
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