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Opinión | Turismo
Ernest Folch

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Editor y periodista

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Barcelona ya es Venecia

Estamos llegando a un punto crítico en el que la ciudad deberá decidir lo que quiere ser: o un lugar para los que allí viven, trabajan y la moldean día a día desde el fondo de los tiempos, o se abandona definitivamente a ser un escenario de cartón-piedra

Los Mossos, en alerta por la expansión de bandas juveniles por Barcelona y su área metropolitana

Barcelona, 13/04/2026 Barcelona. Terrazas de las ramblas. La Rambla será la primera Zona de Excelencia de Terrazas de Barcelona en 2027 y tendrá 322 mesas. Terrazas de restaurantes en la ramblas con cartelería enfocada al turismo. AUTOR: MANU MITRU

Barcelona, 13/04/2026 Barcelona. Terrazas de las ramblas. La Rambla será la primera Zona de Excelencia de Terrazas de Barcelona en 2027 y tendrá 322 mesas. Terrazas de restaurantes en la ramblas con cartelería enfocada al turismo. AUTOR: MANU MITRU / MANU MITRU / EPC

Como en la famosa película, a Barcelona le sucede todo a la vez y en todas partes. Es casi un mensaje que el mismo día en el que volvía a enamorar con la llegada del Tour, un adolescente colombiano moría de un disparo a manos de una presunta banda juvenil. La ciudad de los prodigios, que da periódicamente la vuelta al mundo con un nuevo y espectacular acontecimiento, empieza a acostumbrarse a los sustos de película: justo en plena y efervescente visita del Papa, un sicario mataba a otro justo delante de la comisaría de la calle Balmes. En esta Barcelona de los contrastes conviven hoy millonarios 'expats' con clases populares empobrecidas en el mismo rellano, y los que teletrabajan conectados a su sede central de California con sueldos americanos y precios catalanes ven cómo sus vecinos abandonan poco a poco sus barrios porque lo que ganan ya no les da para pagar los cafés a 5 euros en bares con los rótulos en inglés.

Y es que la insoportable presión turística ha convertido el centro de la ciudad en una zona cero impracticable para los indígenas, sea por los precios, las aglomeraciones o simplemente la suciedad. Barcelona sigue siendo una postal preciosa, y su vida cultural, gracias al esfuerzo de tantas empresas y sectores que viven al límite, mantiene su pulso. Pero estamos llegando a un punto crítico de no retorno en el que la ciudad deberá decidir lo que quiere ser: o un lugar para los que allí viven, trabajan y la moldean día a día desde el fondo de los tiempos, o se abandona definitivamente a ser un escenario de cartón-piedra para que el turismo termine de devorarla. La combinación diabólica entre el precio de la vivienda, los sueldos bajos, el aumento del precio de la vida y el turismo desenfrenado que atrae con él una mayor delincuencia empuja inevitablemente al exilio a miles de barceloneses. Cierto, los pacientes y sufridos habitantes de esta maravillosa ciudad llevamos años perplejos viendo cómo poco a poco hemos pasado de ser protagonistas a ser comparsas para estos rebaños de visitantes. Barcelona ya es Venecia, y los barceloneses miramos las Ramblas con la misma estupefacción con la que algún local despistado atraviesa todavía la Piazza San Marco. O paramos los pies y regulamos de verdad a esta salvaje industria turística, que enriquece a unas minorías bien conectadas con el poder, o iremos cerrando todo lo que no vive de ella.

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