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El Tour vive en Barcelona

La ciudad da la bienvenida al evento ciclista con toda su grandeza, con todo el entusiasmo y vitalidad

Trabajos de montaje de estructuras y decoración cerca de la Sagrada Familia en avenida Gaudí, con motivo del dispositivo previsto para el paso del Tour de Francia.

Trabajos de montaje de estructuras y decoración cerca de la Sagrada Familia en avenida Gaudí, con motivo del dispositivo previsto para el paso del Tour de Francia. / Zowy Voeten / EPC

Después de las experiencias vividas en 1957, 1965 y 2009, con nombres tan destacados como Jacques Anquetil, Pérez Francés, Alberto Contador o Lance Armstrong, con centenares de miles de personas en las calles atentas al discurrir de la prueba francesa, este 2026 se viste de gala en Barcelona para acoger uno de los acontecimientos deportivos más importantes del planeta y uno de los de mayor repercusión mediática. Ya no se trata solamente de albergar la meta de una etapa, sino de protagonizar ‘Le Grand Départ’, el inicio oficial del Tour, un deseo expresado por la ciudad desde hace años. El inicio de la vuelta ciclista por antonomasia no es el simple acto protocolario de un día, sino una auténtica ceremonia que incluye la presentación de los equipos, el desarrollo de una etapa entera en la ciudad y la llegada de la segunda, procedente de Tarragona, además de la última cita en territorio catalán, que empieza en Granollers y tiene su meta en Les Angles, en la antesala de los Pirineos. Este ‘Grand Départ’ se convierte en una noticia de primera magnitud, no solo por su trascendencia deportiva, sino porque de nuevo sitúa a Barcelona y a buena parte del país en el foco de atención mundial.

Consciente de esta importancia –por la dimensión del evento, por la previsible asistencia masiva de público, por lo que significa de escaparate de la ciudad– el Ayuntamiento de Barcelona ha querido ir más allá para conseguir, en palabras de sus propios responsables, que “no sea un acontecimiento que pasa por Barcelona, sino que vive Barcelona”. Es innegable que los aspectos competitivos, en un Tour apasionante como pocos en los últimos años, pasarán a tener protagonismo en cuanto las bicicletas empiecen a rodar, pero antes, y a lo largo de diez días, la ciudad ya se ha engalanado como sede inicial de la 113 edición de la ronda francesa, un privilegio que ostentaron antes en España San Sebastián y Bilbao y que, en un futuro inmediato, gozarán Escocia y la Champaña.

Más de 70 actividades de todo tipo abiertas a la ciudadanía, en todos los distritos de la capital, 10 grandes conciertos en la plazas de la Catedral y de Margarita Xirgu, espectáculos infantiles, participación activa de los mercados y los ejes comerciales convierten estos días en una fiesta barcelonesa, con los consiguientes engorros y dificultades en la red viaria, un sacrificio que tendrá recompensa en la promoción de la ciudad. Y en algo más intangible, una sensación de autoestima, que injustificadamente se había disuelto en los últimos años, como la que ofreció la satisfacción por el trabajo bien hecho con la inauguración de la Torre de Jesús de la Sagrada Família. La presentación, hoy, de los equipos participantes, desde el recinto modernista de Sant Pau al templo de Gaudí, nos volverá a ofrecer imágenes para la historia, como lo fueron las que elevaron a rango de símbolo ciudadano la torre del templo expiatorio en la reciente visita del Papa.

La primera etapa, la contrarreloj por equipos del sábado, con un recorrido que será un auténtico publirreportaje, desde el Fórum a Montjuïc, pasando por las zonas más emblemáticas, y la siguiente, con llegada en la montaña, lograrán que Barcelona (y el resto de Catalunya) sea capital global del deporte. Y que el poso que quede sea no solo el orgullo ciudadano sino una reivindicación de la civilidad y del legado de la actividad física como factor de civilización.

Barcelona da la bienvenida al Tour con toda su grandeza, con todo el entusiasmo y vitalidad.