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Opinión | Gárgolas
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Aquel Grec del 76

Era una época efervescente y peligrosa. No era nada fácil atreverse a montar un festival como aquél, que bebía del afán de libertad y reivindicación profesional y que estaba expuesto a los coletazos de la dictadura

Marta Pazos dirige 'L'Òpera de tres rals' de Brecht en el Teatre Grec, una producción para celebrar los 50 años del festival

'L'Òpera de tres rals' de Brecht en el Teatre Grec, una producción para inaugurar y celebrar los 50 años del festival

'L'Òpera de tres rals' de Brecht en el Teatre Grec, una producción para inaugurar y celebrar los 50 años del festival / Jordi Otix / EPC

Este lunes, con “La Òpera de Tres Rals”, ha comenzado el Grec 2026, cincuenta años después del primer festival que montó la Assemblea d’Actors i Directors (AAD) en el recinto inaugurado durante los fastos de la Exposición Universal de 1929 y construido, casi podríamos decir que escarbado, en una hondonada de la montaña, a la manera del teatro griego de Epidauro. No es precisamente (a pesar de la incorporación de alguna comodidad moderna) el sitio más idóneo para disfrutar de un espectáculo. El rigor de la piedra es contundente. Solo se apacigua un poco porque una noche de verano, allí, en lo alto, se vive de una manera diferente, con aromas festivos y con la contemplación de la cantera imponente.

Mañana, primero de julio, se cumple justo medio siglo de la primera función de un festival que hizo rebrotar un equipamiento que hasta entonces se había utilizado de forma muy esporádica. Era la Temporada Popular creada por la AAD, un teatro “al servicio del pueblo”, con un cartel memorable de Iago Pericot: cuatro brazos de color rojo que evocaban las barras de la 'senyera' sobre un fondo de color amarillo y cuatro manos que se iban cerrado, como una coreografía gráfica, hasta convertirse en un puño alzado. Era una época efervescente y peligrosa. No era nada fácil atreverse a montar un festival como aquél, que bebía del afán de libertad y reivindicación profesional y que estaba expuesto a los coletazos de la dictadura, un monstruo herido de muerte.

De aquel primer Grec existe un estudio detallado y extenso del joven historiador Martí Alós López, que ya comisarió la exposición 'Una explosió teatral en temps de canvis'. Ligado también al mundo del teatro, Alós ha escrito 'El Grec-76 i l’Assemblea d’Actors i Directors. Un element de ruptura en l’escena teatral de la transició barcelonina', desde una perspectiva académica y excelentemente documentada, con la garantía de rehuir la nostalgia (en 1976 faltaban más de veinte años para que él naciera) y de abordar el fenómeno de ese festival adámico, “autogestionado por la misma profesión” como uno de los factores clave de la Transición en Catalunya, y no sólo desde la óptica teatral. Alós se plantea si ese Grec-76 fue un inicio o un final (de una determinada manera de entender el teatro independiente), o “un lapso que hace de bisagra entre dos mundos”. Editado por el Institut del Teatre, lo recomiendo fervorosamente, entre otras cosas porque, desde la distancia, nos enseña cómo vivimos aquellos días agitados.

Desde la nostalgia, ahora sí, evoco algunos de los espectáculos de hace cincuenta años que vuelven hoy como un fantasma del pasado. Ni recordaba que los vi entonces: 'Roses roges per mi', de Sean O’Casey, un ejemplo de teatro político que se reflejaba en una lucha obrera en la Irlanda de principios del siglo XX para hablar, como siempre ha hecho el teatro, de aquel presente tormentoso de 1976. O el fascinante 'Les Troubadours', del Centre Dramatique de la Courneuve, un montaje estrenado un mes antes en Avinyó, una fiesta musical y literaria. O tantos otros. Somos lo que el Grec quiso que fuéramos.

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