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Opinión | Paz incierta

El dilema del tigre

La llegada de Abelardo de la Espriella al poder reabre el debate entre la mano dura y la continuidad del proceso de paz en una Colombia profundamente dividida

Abelardo de la Espriella, ganador de las elecciones presidenciales en Colombia.

Abelardo de la Espriella, ganador de las elecciones presidenciales en Colombia. / Mauricio Dueñas Castañeda / EFE

Colombia entra en tablero americano de la derecha radical. El ascenso de Abelardo de La Espriella "El tigre" ganando con menos del 1% de diferencia frente a su rival de la izquierda en un país profundamente polarizado, augura tiempos convulsos. Mientras ocurría el peor terremoto en un siglo en Venezuela, en la vecina Colombia, el movimiento tectónico confirma como el debate de las ideas está cambiando las preferencias electorales por el de las emociones y "el tigre" que anuncia que manejará el país con mano dura, defiende la identidad y la seguridad como ejes de su mandato.

Un nuevo cromo en el álbum americano de los Milei, Trump o Bukele, en una involución al machismo, al nacionalismo rancio y al desarrollo individual frente al colectivo. Pero es en seguridad donde se juega el futuro de Colombia y el de una región muy frágil. Cuando De la Espriella sea investido en agosto, hará exactamente diez años de la firma de un acuerdo histórico con las guerrillas de las FARC para acabar un conflicto que duraba más de medio siglo. La rebelión por motivos políticos ha desaparecido del país y más de 13.000 guerrilleros se han desmovilizado. Sin embargo, las bandas criminales siguen operando en buena parte del territorio donde el estado no llega. A ello ha contribuido una política ingenua y laxa del actual presidente de izquierda, Gustavo Petro, que consideraba que para acabar había que dar zanahoria a las actuales guerrillas sin mostrar el palo. En ese error "el tigre", defensor de los paramilitares, ha rascado su pírrica victoria y anuncia una "pax romana"; es decir aplastar al adversario. Pero esa victoria tampoco es posible solo mediante la fuerza. Basta mirar lo que le ha ocurrido a Trump en Irán. La búsqueda de la paz es un proceso mucho más complejo y una propuesta de mano dura sin diálogo y acuerdos puede llevar al abismo. En ese horizonte, el dilema de "El tigre” será si adapta el proceso iniciado hace una década o si decide dinamitarlo con el riesgo de abrir muchos más años de violencia desbocada, desestabilizando aún más toda la región.

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