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Opinión | Igualdad
Ana Bernal-Triviño

Ana Bernal-Triviño

Profesora de la UOC y periodista.

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¿Quién cambia el pañal?

Cuando aparece una criatura o una persona mayor por cuidar, se sigue mirando primero a la mujer

Los pañales, en el ojo del huracán

Los pañales, en el ojo del huracán / Agencias

“Cambiar los pañales, bañar y alimentar a los hijos es responsabilidad únicamente de las madres". Esta frase no es de los años 50. Es de 2026. Es lo que piensa el 82% de los hombres y el 47% de las mujeres de entre 18 y 25 años. Son los resultados del informe Paternidades 2026. Y esperen, porque hay más.

El 65% de los jóvenes también considera que las cosas funcionan mejor cuando los hombres aportan el salario y las mujeres se ocupan del hogar. De hecho, el 43% afirma que no se siente suficientemente hombre si no puede mantener económicamente a su familia. Es más, el 61% cree que los padres que se dedican a tiempo completo al cuidado de sus hijos no son vistos como hombres de verdad. Y lo mismo piensa también el 67% de las mujeres jóvenes. Entre 2023 y 2026, el apoyo a estos modelos tradicionales ha aumentado diecisiete puntos entre ellas. Diecisiete, repito.

Decían que la igualdad ya está conseguida. Que el machismo desaparecería por relevo generacional. Que las nuevas generaciones serían más igualitarias. Pero la realidad es esta. La mitad de las madres y casi la mitad de los padres reconoce que en sus familias existe una expectativa clara de que sean ellas quienes asuman el papel principal de cuidadoras. No importa cuánto estudien, cuánto trabajen o cuánto ganen. Cuando aparece una criatura o una persona mayor por cuidar, se sigue mirando primero a la mujer.

Con este panorama, dejemos de preguntar por qué las mujeres 'eligen' y asumamos que la respuesta está delante de nuestros ojos. Empieza de la manera más natural: en las expectativas familiares, continúa en los estereotipos y acaba en una organización social que aún asocia la crianza a ellas y el sustento económico a ellos.

¿Cómo puede ser que la juventud abrace esas ideas más anticuadas, mientras hombres mayores se muestran más abiertos a la igualdad? ¿Cómo puede ser que ocurra esto en una época de discursos de igualdad y de campañas institucionales? Quizás una parte ha estado expuesta y receptiva a otro tipo de contenidos. Contenidos que no han sido ni ridiculizados ni desautorizados. Difundidos por unos que se han hecho de oro: "bros", gurús de la masculinidad y creadores para adolescentes. Todos con millones de visualizaciones en sus vídeos.

Basta observar el patrón de esos mensajes y descubrir qué han vendido a estas generaciones: que los hombres deben volver a ser proveedores (para ser auténticos hombres) y las mujeres recuperar su papel de cuidadoras (para ser auténticas mujeres). Romantizan el pasado y reclaman un 'orden natural', que es como volver a la Antigua Grecia o Roma pero con neones, micrófonos de alta gama y conversaciones distendidas en podcasts. Una estética diseñada para parecer transgresora aunque recicle ideas de dos mil años. Cuando una sociedad decide quién debe cuidar, quién debe depender económicamente de otro y quién tiene derecho a desarrollar su proyecto de vida, ya no habla de amor ni de familia. Está hablando de poder. Y ninguna desigualdad nace por casualidad.

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