Saltar al contenido principalSaltar al pie de página
Opinión | Conocidos y saludados
Josep Cuní

Josep Cuní

Periodista.

Por qué confiar en El Periódico Por qué confiar en El Periódico Por qué confiar en El Periódico

Keir Starmer, otra víctima de los suyos

El sexto residente en diez años en el 10 de Downing Street ha sido la enésima víctima del descontrol del Brexit

¿Por qué ha dimitido Starmer? Dos años de errores, polémicas y divisiones internas en Reino Unido, en 6 claves

El primer ministro británico, Keir Starmer, a la salida de Downing Street.

El primer ministro británico, Keir Starmer, a la salida de Downing Street. / Europa Press/Contacto/Phil Lewis

Algo huele a podrido. En España, en la Unión Europea, en los Estados Unidos, en el Reino Unido… en cualquier lugar de referencia habitual del edificio democrático que se desmorona.

La frase del guardia Marcelo en la Dinamarca del 'Hamlet' de Shakespeare ya no puede sustraerse a la conclusión del relato ético y moral de nuestro amplio entorno, a pesar del clamor del Papa.

Vino Prevost para denunciarlo, le aplaudieron durante más de siete minutos, se marchó y se olvidaron de las manos doloridas por el disimulo de hacerle creer que asumían su mensaje de puro evangelio en defensa de los principios y las personas. Y no.

Las variadas imágenes del Pontífice abrazando a niños, consolando a familias y confortando a presos hoy ya solo son el complemento visual de un momento. Sin ampliarlo a su contexto, sin importar la razón, sin conmover conciencias más allá de lo que dura un impacto. Apenas nada. De lo contrario, algo habría cambiado. Y tampoco.

Creen en la Moncloa que la corrupción socialista está delimitada y no tan extendida como la oposición y los medios hacen creer. Como si esto les redimiera de algo. Y mandan atacar a sus rivales por su pasado o su presente, que tampoco están limpios de culpa. Por eso ninguna piedra lanzada consigue cambiar un paisaje político tan deteriorado como impasible. De momento.

Mientras España aclamaba al nuevo líder internacional, la Comisión Europea, de ineludible raíz cristiana y de la que nuestro Estado es miembro destacado, aprobaba un nuevo reglamento de retornos que permite acuerdos con terceros países para trasladar a migrantes. Porque se rechaza su solicitud de asilo o por haberles detenido estando en situación irregular. Esta ventana abierta al mundo que odian, la han aprovechado los talibanes afganos para volar a Bruselas convertidos en interlocutores legítimos. Poco importa que en su país hayan expandido el terror general y aplicado un despiadado 'apartheid' de género a las mujeres.

En Washington, el aspirante a emperador global esconde su capitulación ante otros intolerantes, los ayatolás, inaugurando las celebraciones por los 250 años de los EEUU. Y lo hace en honor y gloria propios como si él fuera el hacedor de la gesta histórica. A veces, es inevitable recordar que el patriotismo es el último refugio de un canalla. La frase es de Samuel Johnson. Un erudito tan inglés como Keir Rodney Starmer (Southwark, Londres, 2 de septiembre de 1962).

Lloroso y desconsolado, al todavía primer ministro británico, ahora en funciones, no le quedó otra que aceptar que los suyos ya no le quieren. El sexto residente en diez años en el 10 de Downing Street ha sido la enésima víctima del descontrol del Brexit. Un engaño colosal que, en cambio, ha convertido a uno de sus urdidores, Nigel Farage, en el favorito de un pueblo en busca de destino.

Para intentar evitarlo, los laboristas moldean un nuevo liderazgo que les renueve la fuerza que Starmer dilapidó en dos años desastrosos. A la espera de las primarias convocadas y que puede ganar el alcalde de Mánchester, poco le consuela al caído haberse convertido en referente en el Parlamento español. Allí, Junts se lo presenta a Sánchez como el Moisés que le indica el camino si no recupera su confianza. Como si Madrid fuera Londres y el PSOE el Labour.

Predicaba Samuel Johnson: “para poder enseñar a decir la verdad, es preciso que antes se aprenda a oírla».

Suscríbete para seguir leyendo