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Opinión | Justicia
Emma Riverola

Emma Riverola

Escritora

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El espejo de Peinado

Igual que Valle-Inclán utilizó el esperpento para robar la grandeza a los héroes clásicos, el juez ha tratado de borrar cualquier rastro de reconocimiento a Begoña Gómez

El juez Peinado envía a juicio a Begoña Gómez y le retira el pasaporte al ver riesgo de fuga

Juan Carlos Peinado, a prop dels jutjats de plaça Castilla, a Madrid. | JOSÉ LUIS ROCA.

Juan Carlos Peinado, a prop dels jutjats de plaça Castilla, a Madrid. | JOSÉ LUIS ROCA.

“Las imágenes más bellas en un espejo cóncavo son absurdas”, afirma Max en la escena duodécima de ‘Luces de Bohemia’ (1920). En esa conversación, Valle-Inclán definió el término esperpento. Ante una realidad más ridícula que trágica, la deformación grotesca funcionaba para expresarla. “Nos mudaremos al callejón del Gato”, responde Don Latino. Más de un siglo después, el juez Peinado se ha paseado por la madrileña calle Álvarez Gato y, en un inusitado viaje en el tiempo, se ha plantado frente al establecimiento que hace décadas despertaba la hilaridad de los peatones.

El viejo local tenía dos espejos deformantes de cuerpo entero. En la resolución judicial de Peinado hay múltiples elementos distorsionadores. Tantos, que sus líneas serían risibles si no fuera por su trascendencia. El juez ha hecho suya la mirada de la acusación popular de Hazte Oír, Vox y Manos Limpias. El problema es que se ha centrado tanto en el (des)enfoque de la mujer que ha llegado a la caricatura, convirtiendo a Begoña Gómez en la supervillana de España, un peligro social capaz de darse a la fuga. Igual que Valle-Inclán utilizó el esperpento para robar la grandeza a los héroes clásicos, Peinado ha tratado de borrar cualquier rastro de reconocimiento a la acusada y, por extensión, a Pedro Sánchez. ¿Solo a ellos?

Ante un espejo cóncavo, el conjunto de la realidad se distorsiona. Eso lo saben muy bien los policías que escoltan a Gómez. El magistrado alegó que podrían ayudarla en su fuga. Al instante, los sindicatos policiales protestaron ante “una auténtica barbaridad”. El asunto tiene su miga. Vox lleva tiempo exigiendo la retirada del pasaporte de Gómez. Y, a la vez, Vox es el partido que acapara el mayor índice de simpatía e intención de voto en los cuerpos policiales. Que ellos hayan sido los primeros desacreditados en esta historia no deja de ser una paradoja ilustrativa. Cada colectivo es susceptible de ser engrandecido y utilizado según los intereses del momento. Pero, ante un espejo deformante, nadie está a salvo del descrédito.

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