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Opinión | Tensión global

Entre el Líbano y Ormuz

Un análisis de cómo la escalada de tensiones entre Irán, Estados Unidos e Israel reconfigura el equilibrio regional y pone a prueba la estabilidad internacional y económica

Imagen de archivo del estrecho de Ormuz

Imagen de archivo del estrecho de Ormuz / Europa Press/Contacto/Wen Xinnian

El acuerdo entre Irán y EE. UU para que los barcos vuelvan a transitar por Ormuz tenía que estar firmado la semana pasada, pero con el escollo principal resuelto, aunque con muchos detalles todavía por pulir durante los próximos dos meses de negociación, las conversaciones se han encallado en el Líbano. Estaba cantado que el ataque a Irán abriría el melón regional. EE. UU apoyó más por ceguera de Donald Trump, que por compartir la visión dominante del estado de Israel en Oriente Medio. Después de haberle animado y dejado mano libre a Netanyahu en Gaza, EE. UU se embarcó en una guerra bajo ilusiones que se han demostrado falsas: una intervención rápida en Teherán, eliminando a la cúpula del régimen iraní y con el país descabezado la sociedad civil acabaría echando el resto. Nada de eso ha ocurrido, la realidad se ha mostrado tal y como es. Por lo que parece nadie fue capaz de comentarle al hombre más poderoso del mundo que la peor arma de Irán no era un misil, ni drones que atacan desde el cielo, ni por supuesto un cohete nuclear. Su arma estratégica era minar y cerrar Ormuz.

Con la subida de los precios del petróleo la economía global se estanca, la inflación sube y los tipos de interés en alza dibujan un horizonte difícil, especialmente para quien no va sobrado. No hacía falta un economista brillante para apuntar que eso era exáctamente lo contrario de lo que Trump prometió a la clase media americana para llegar por segunda vez en la Casa Blanca. Ahora está atrapado. Netanyahu le engañó y cuando se ha dado cuenta no ha tenido reparos en ofrecer lo que haga falta a Irán para cerrar esta guerra absurda. El mismo régimen con nuevos líderes va a ver cómo se levantan las sanciones y a recibir los activos congelados de Irán en bancos occidentales. Si eso no es salir victorioso de la guerra, se parece bastante. La Casa Blanca ya no tiene la menor duda de que hay que recuperar el tránsito marítimo en la región al precio que sea. El acuerdo es para volver a abrir Ormuz, pero Irán ha forzado una declaración que empieza por un alto el fuego en todos los frentes, incluido el sur del Líbano. El problema es que Netanyahu tiene cada vez más oposición interna y sin una guerra su horizonte es acabar fuera del gobierno y en manos de la justicia. Él, y no Israel, sería el principal perdedor de esta guerra en Irán. Por eso se ha inventado una nueva amenaza de las milicias pro-iranies de Hezbolah para impedir el acuerdo. El camino americano y el israelí, por primera vez en décadas ha dejado de coincidir a la hora en que el vicepresidente J.D Vance llega a Suiza para acabar de rematarlo ¿Será posible el acuerdo entre estos dos países y entre sus líderes autócratas? Vance asegura que tiene un día o dos de margen para coneguirlo. Ese es el tiempo que la Casa Blanca debe emplear para frenar a Israel y tienen suficientes recursos para hacerlo, empezando por cortar el apoyo de inteligencia y militar. Si Trump quiere demostrar su poder debe empezar por aquí. O eso, o seguiremos todos atrapados en Ormuz.