
Presidente del Comité Editorial de EL PERIÓDICO
El pragmatismo de los alcaldes: el elixir municipal que fortalece la democracia

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El periodismo, definido por Isidoro Nicieza como una de las formas más divertidas de ser pobre, permite conocer de cerca a mucha gente que el resto de los mortales solo ve en las pantallas, sean en las alejadas de la televisión convencional, o en las más cercanas de las redes sociales. Y cuando se enciende el piloto siempre hay algo de postureo, puesto que las personas se cubren con alguna máscara. Esos momentos de proximidad, dan el privilegio a los periodistas de ver cosas que los demás no ven. Y contarlo. De esos encuentros entre bambalinas, y de lo que acontece bajo los focos, nace mi convencimiento de que de los alcaldes sale siempre lo mejor de la política, incluso cuando dejan de serlo. Lo hemos visto esta semana en el III Foro Económico y Social del Mediterráneo en la que han participado los de Barcelona, Palma, Málaga, Cartagena, Murcia y Sant Boi de Llobregat. Pero también los que lo habían sido de Finestrat, La Roca o Terrassa. Dialogaron, propusieron, intercambiaron posiciones desde siglas distintas. Destaco dos frases, sin citar a los autores para que los aparatos de sus partidos no los castiguen ahora que se hacen listas municipales: «aunque todos seamos del mismo partido, en este tema no pensamos lo mismo», y «nos copiamos más de lo que reconocemos, cosa que no es una mala práctica». Mientras esto ocurría, el potaje madrileño echaba a la olla a Zapatero, que nunca fue alcalde, para alimentar el caldo contra Sánchez, que nunca fue alcalde, a mayor gloria de Feijóo, que nunca fue alcalde, y de Abascal, que lo quiere ser todo menos alcalde.
¿Cuál es el elixir municipal?
Dando vueltas, y hablando con los mismos protagonistas, se perfilan algunos componentes de la política municipal que marcan este talante de los alcaldes. El primero es que de los vecinos no se puede huir como de los micrófonos de la prensa. Los alcaldes conviven con sus conciudadanos, se los encuentran en la calle y tienen que dar explicaciones. Ello tiene dos consecuencias positivas para la acción política: acaban conociendo la complejidad de los problemas y acaban buscando soluciones, por encima de su ideología (que la tienen) y por encima de la disciplina de su partido (que la evitan siempre que pueden). Como dirían los politólogos, los incentivos de la convivencia con los ciudadanos les estimulan al pacto y al pragmatismo desde la complejidad, no desde el simplismo populista. Uno de los alcaldes más veteranos de España, el malagueño Francisco de la Torre, clamó en el Foro: «los alcaldes necesitamos libertad para aplicar soluciones».
La primera trinchera de la democracia
Otro elemento que determina el talante de los políticos locales es la necesidad de acometer los problemas por espinosos que sean o por alejados que estén de sus competencias. En los últimos años lo han tenido que hacer con ese triángulo que siempre planea por nuestro foro del Mediterráneo: el turismo, la vivienda y la inmigración. Mientras que sus compañeros a nivel nacional o autonómico entran y salen de estos asuntos a conveniencia y antes que soluciones buscan trincheras, los alcaldes tienen que alojar a gente sin hogar, ordenar la convivencia entre visitantes y residentes o administrar el espacio público compartido por personas distintas pero iguales en dignidad, como recordó el filósofo Francesc Torralba. A ningún alcalde se le habría ocurrido la chorrada de la «prioridad nacional» que no hace más que añadir otra variable a un problema ya de por sí enormemente complejo, de los que el economista Marc Palahí dijo en su intervención que no se entienden troceados. Por eso hay que proteger, mimar, escuchar y dar voz a los alcaldes. La ensayista Anne Applebaum nos sugiere que para proteger a la democracia, protejamos a las instituciones. Pues protejamos a los ayuntamientos porque son hoy por hoy la primera trinchera de la democracia frente a los populismos. Y aprovechemos la sabiduría de los alcaldes para cuando buscamos líderes a otros niveles.
El éxito del AMB
En este contexto, hay que poner en valor el éxito del Área Metropolitana de Barcelona (AMB) que el viernes celebró 15 años porque también es el fruto de la entente entre alcaldes. Concretamente en ese momento fundacional, del entonces alcalde de Barcelona, Xavier Trias, y del alcalde de Cornellà y aún hoy vicepresidente ejecutivo de la entidad, Antonio Balmón. Han sabido encontrar un artefacto institucional por el que pasan, y encuentran solución, los grandes retos de Barcelona: agua, residuos, movilidad y ahora también vivienda y seguridad. Los alcaldes cuando se ponen de acuerdo, que es casi siempre, no los detiene ni el partidismo ni el populismo. Son lo mejor.
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