Opinión | En clave europea

Analista sobre la UE y la OTAN
La UE, la desindustrialización y China

El avance apunta a chips más versátiles para computación cuántica de próxima generación. / Crédito: Nature (2026). DOI: 10.1038/s41586-026-10423-9
La Comisión Europea y los gobiernos de la Unión Europea (UE) apoyaron durante tres décadas una globalización descontrolada y desregulada, que enriqueció a los accionistas y directivos de las grandes empresas y contribuyó a abaratar una serie de bienes de consumo. Pero impulsó la deslocalización de industrias fuera de la UE en países de bajos costes, redujo la inversión industrial en el continente y suprimió millones de empleos industriales.
El empleo industrial en la UE ha pasado de representar el 34% del total en 1991 al 24% en 2025 y el valor añadido de la industria al producto interior bruto (PIB) de la UE ha bajado del 20% en 1991 al 14% en 2024, según el Banco Mundial. La crisis industrial de la UE se ha acentuado en los últimos años y cada día pierden su empleo unos 500 trabajadores industriales cualificados en la UE, según la líder de la Confederación Europea de Sindicatos, Esther Lynch. El número total de trabajadores industriales en Alemania cayó en 2025 a un mínimo de 6,6 millones y el empleo industrial ha pasado de representar el 22% del total en 2014 al 19% en 2025, alerta el Instituto Económico alemán (IW).
Durante tres décadas, la Comisión Europea y los gobiernos de la UE se han resistido a desarrollar una política industrial estructurada y efectiva a largo plazo por motivos ideológicos neoliberales. Las sucesivas iniciativas industriales de las últimas décadas se han limitado a planes voluntaristas, desestructurados y sin los mecanismos, ni la financiación adecuada, para alcanzar los objetivos.
Ley Europea de Chips
Un ejemplo reciente ha sido la Ley Europea de Chips de 2023, con sólo 3.300 millones de euros de financiación de la UE y que descarga la mayor parte de la inversión pública en los estados, a los que la Comisión Europea exige al mismo tiempo ajustes presupuestarios. El Tribunal de Cuentas de la UE ha concluido en un reciente informe que no se alcanzará ni de lejos el objetivo de que la UE fabrique en 2030 el 20% de chips de última generación a nivel mundial, debido a la falta de recursos, la insuficiente inversión y los elevados precios de la energía en la UE.
A diferencia de la UE, China lleva varias décadas de planificación industrial a largo plazo, movilizando los recursos técnicos, industriales y financieros para alcanzar los objetivos, como el plan 'Made in China 2025' de 2015. La administración norteamericana bajo la anterior presidencia de Joe Biden también emprendió una decidida política de apoyo público a la reindustrialización y al desarrollo de tecnologías punta. Solo la Ley de Chips y Ciencia norteamericana de 2022 movilizó 44.000 millones de euros en fondos públicos para chips y otros 152.000 millones para investigación tecnológica.
Ahora China se ha convertido en la fábrica del mundo incluso en la alta tecnología, mientras el motor industrial europeo está en crisis y China supera a Europa en automóviles eléctricos, inteligencia artificial, robótica, tecnologías verdes, industria espacial y diversas tecnologías punta. La UE depende ahora de China en materias primas estratégicas, equipos industriales, bienes de consumo de todo tipo e incluso para la producción de los principios activos de los medicamentos que antes se fabricaban en la UE.
Al mismo tiempo, las grandes empresas europeas, especialmente alemanas, han invertido masivamente en fábricas en China en las últimas décadas y el valor total de las inversiones directas europeas en China supera los 240.000 millones de euros, según el Consejo de la UE. Por ejemplo, el Seat Cupra Tavascan eléctrico se fabrica en China.
Retroceso europeo
China es el principal socio comercial de la UE. Pero el progreso industrial chino y el retroceso europeo generan un déficit comercial creciente para la UE, que superó los 360.000 millones de euros en 2025, según la Comisión Europea. China es la principal fuente de importaciones de la UE (22%), pero solo el cuarto mercado de exportación europeo (7,5% del total).
Una guerra comercial con China podría ser desastrosa para la economía de la UE y en especial para las grandes empresas alemanas. En el Consejo Europeo que concluyó este 19 de junio en Bruselas, los Veintisiete, divididos, apostaron por mantener el diálogo abierto con China y encargaron a la Comisión Europea que estudie medidas de defensa comercial. Pero los Veintisiete siguen sin resolver los dos obstáculos fundamentales para la competitividad de las industrias europeas frente a las de China y EEUU: el elevado coste de la energía y la falta de financiación barata.
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