Opinión | El mar alrededor

Subdirectora de El Periódico
El centro comercial olvidado de la Vila Olímpica
El Ayuntamiento de Barcelona estudiará intervenir en el espacio, propiedad del Estado, cuya subasta quedó desierta y se encuentra en un limbo de difícil solución

Interior del centro comercial El Centre de la Vila en el barrio de la Vila Olímpica con numerosas tiendas cerradas y pocos comercios abiertos. Fotografía de Jordi Cotrina
Tengo el recuerdo de los batidos y zumos que se servían en una tienda con terraza en uno de los accesos del centro comercial de la Vila Olímpica de Barcelona, conocido como El Centre de la Vila, en unos tiempos en que la ciudad estrenaba el siglo y vivía la resaca de los Juegos Olímpicos que tuvieron en la fachada litoral mucho protagonismo. También en los cines de esas galerías me habitué a ver sesiones matinales, que luego remataba con un chapuzón en el mar, con la playa a escasos metros. Treinta años cumple este 2026 y aquel recinto está en un limbo de difícil solución: titularidad del Estado, la subasta para desprenderse del centro comercial quedó desierta y su destino sigue en el aire, mientras decaen sus instalaciones. El Ayuntamiento de Barcelona podría mover ficha esta semana si, tal y como solicitan los vecinos y parte de la oposición se decide a intervenir.
La vida de un centro comercial de estas dimensiones, en un barrio como es el de Vila Olímpica, es esencial para garantizar la vida comercial del entorno. No tanto por los servicios básicos que puede ofrecer, desde un hipermercado hasta salas de cine o farmacias, sino porque da un hub de atención a los residentes en la zona que encaja muy bien con la idea de ciudad de 15 minutos que tanto reivindicamos. Otros centros comerciales abiertos en Barcelona han encajado con éxito, desde el primero que abrió, la Illa Diagonal, hasta el Centre Comercial Glòries o Diagonal Mar. Todos ellos han sido revulsivo para la actividad y el dinamismo vecinal, y cada vez amplían más los públicos a los que se dirigen, con juegos y eventos culturales, exposiciones de arte, y un abanico de tiendas que permiten también ser refugio climático y punto de encuentro.
Miro siempre a otros países y sus experiencias. Pienso en las 'arcades' de Cardiff, espacios comerciales que son 'hubs' de bullicio popular. También en Estocolmo y Oslo, más al norte, que permiten la vida ciudadana con un sistema de túneles conectados con metros y edificios repletos de tiendas, cines y servicios. Y en Asia, donde el calor extremo les ha dado el espaldarazo. El Centre de la Vila merece otra oportunidad en su 30 aniversario.
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